El extranjero

El penúltimo cuplé

El himno de Marta Sánchez es el revés de 'Suspiros de España' y de Estrellita Castro

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Se puso Marta Sánchez un vestido rojo, le enchufaron unas luces amarillas y ya tenemos el país conmocionado. La señorita Sánchez dice que ella no pretendía nada, que la cosa le salió de lo más hondo de la emoción y nada tuvo que ver con el batiburrillo catalán ni con los nacionalismos, incluido el español. Mariano Rajoy se siente muy representado por esa adaptación del himno nacional que más que himno es una copla nacional, muy cursi, llena de tópicos y apelaciones al corazón, que tiene siempre una rima fácil y sonora. El himno de Marta Sánchez es el revés de 'Suspiros de España' y de Estrellita Castro. A Sánchez le duele la ausencia de España desde su residencia de Miami y a Estrellita Castro, pasajera de tercera clase en un barco que la lleva lejos de su país, le duele la pobreza. Lo cual, desde el punto sentimental que busca la copla, eleva 'Suspiros de España' muy por encima de la canción de la señorita Sánchez.

Ya han propuesto que vaya la cantante con sus bártulos a la final de la Copa del Rey para que con sus górgoros acalle ese bochorno anual de los pitos. Este es un país que se lleva mal con sus símbolos porque esos símbolos nacieron del pasapuré del franquismo. Y por mucho que a la bandera se le quitase el águila y casi nadie sepa ya qué es el himno de Riego, todavía hay bastante gente empeñada en establecer una asociación subterránea entre la simbología nacional y la derecha más retrógrada. No es que exista una alergia contra los símbolos. Se rechazan esos en concreto. Porque los bienpensantes, los que están abiertos al mundo, sí se aferran a otros símbolos con mucho orgullo. La ikurriña, la senyera, els segadors y lo que haga falta. Esos sí son emblemas que apuntan hacia lo más alto de la dignidad humana y la concordia. Eso sí es cosmopolitismo aunque en algunos casos, Puigdemont por ejemplo, se trate de un cosmopolitismo paleto.

Es el cosmopolitismo que llevó a colgar, y a descolgar, en Arco las fotografías de nuestros presos políticos. Junqueras, los Jordis y Andrés Bódalo entre otros. Transgredir la ley pero haciéndolo en nombre de una entelequia como es el caso de Junqueras y sus compañeros,no solo tiene perdón, sino que es algo encomiable, una heroicidad. O hacerlo con una estrella de cinco puntas en la boina como hizo Bódalo, una estrella y una ideología igualitaria que por lo visto lo eximía de aguantarse las ganas de darle una paliza a un concejal socialista. Bódalo, víctima de la represión de un Estado totalitario. Porque un Estado democrático es el que te permite que le zumbes al concejal que no te cae demasiado bien, o el que si te metes en un complot para desmontarlo te da una piqueta para que acabes tu trabajo. Eso es progresía, democracia y libertad. Y a quien no opine así más le vale pedir perdón, por mucho que los ripios de Marta Sánchez digan lo contrario.

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