Por ahora

Pensiones, mentiras y brechas

Unos pueden insistir en manifestarse y otros pueden vocear su falsa autoría desde la oposición, pero Zoido y Montoro han sido los pilotos de la equiparación salarial policial y el plan de vuelo es del Gobierno

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

Un país efervescente, las eléctricas, las políticas fiscales de las renovables, las encuestas, las secesiones, los médicos catalanohablantes en Baleares, las lenguas espejo, equiparación o equiparaciones, los pensionistas, los bajos sueldos, la brecha salarial, corrupciones pasadas y presentes, el cine, un calentamiento global provisionalmente en silencio, Tabarnia, Tractoria, un pastelero en Bruselas, las falsas cargas policiales y los mil heridos, la revisión de leyes, LGTB y Podemos, Gibraltar y el 'Brexit'...

Y, sin embargo, crecemos económicamente y baja el paro. Es difícil encontrar -dentro de un mundo muy complejo- una nación de complejidades más compuestas que la nuestra. Como dice alguien: son muchos los desafíos, ganarlos todos debe ser el objetivo, pero hay que echar inteligencia, constancia y paciencia.

Las grandes compañías eléctricas son privadas en España, aunque alguna hay que, tras los inmensos errores de Zapatero, hoy es propiedad del estado italiano. La factura es cara, la alternativa nuclear baja hasta mínimos y las energías renovables requieren un montante de inversión tal que no puede ser el estado su protagonista. Queda pues, un largo tramo hasta convertir las fotovoltaicas y las eólicas en el núcleo principal de producción de energía eléctrica. Pedir milagros inversores públicos o que los consumidores sufraguen la factura de las nuevas energías -como quiso Zapatero- es inviable.

Estos días las encuestas anuncian grandes cambios, para efectivamente producirlos son esenciales las propias encuestas, o sea, darles credibilidad y llevar a los electores por el propio sendero que predican. Es sin duda una aventajada cocina que ha extremado el uso de 'especias'. En la vida política hay a veces convulsiones y profundas transformaciones, pero no todas las semanas, no en cada encuesta. Preguntar ayuda a saber, dirigir los cambios y adelantar los éxitos y fracasos desde posiciones volitivas, más que saber, busca influir.

Es más que dudoso que la creación de la Ertzaintza y el Cuerpo de Mossos D'Esquadra, o su reedición, fuese precisamente una buena idea. Y peor aún ha sido otorgar determinadas competencias, como la lucha antiterrorista, que siempre debe estar en manos del Estado -como en el resto del mundo-. Ello o consentir una autonomía salarial capaz de causar injusticias y agravios no son ejemplos a seguir. Unos pueden insistir en manifestarse y otros pueden vocear su falsa autoría desde la oposición, pero Zoido y Montoro han sido los pilotos de la equiparación salarial policial y el plan de vuelo es del Gobierno. De hecho, tras su compromiso de hacerla efectiva -contante y sonante- en sólo tres años, ya preparan el proyecto de ley correspondiente para impedir que nunca pueda volver a producirse brecha alguna. Para otro capítulo quedan presuntos espionajes, pasividad e incumplimientos gravísimos que los Mossos, puntual, corporativa o sistemáticamente, parece claro -presuntamente- que han llevado a cabo. El delito de Rebelión precisa para ser formulado el concurso de la violencia; si se prueba el uso, la amenaza o la praxis de un golpismo auxiliado por un instituto armado, ciertas presunciones y muchas evidencias estarán servidas.

Es cierto que, tras este acuerdo, otros profesionales demandan su propia equiparación, pero la diferencia está en que Policía Nacional y Guardia Civil también ejercen y tienen funciones constitucionales en el País Vasco y Cataluña, e incluso hay que reseñar que al ser fuerzas y cuerpos del Estado, deben estar por encima de las policías autonómicas en funciones y autoridad. Todo habrá de abordarse -el espacio económico nacional no debe contener diferencias de este tipo-, pero la urgencia no es la misma.

Y no echemos en el olvido la rabiosa actualidad del sistema de pensiones. Ningún partido que pueda gobernar podría consentir que no haya pensiones ni que el sistema se colapse. El gobierno de ZP las congeló en 2010 por la grave crisis económica de nuestro país. Rajoy, para que ello nunca más pudiera ocurrir, hizo impedir por ley que pudieran volver a congelarse, más que ello, desde ese instante -por ley-- las pensiones siempre han de subir. No ha habido pérdida de poder adquisitivo entre los pensionistas, porque mientras había deflación las pensiones subía el 0,25%. Ahora, mientras la crisis muere, el Gobierno se plantea determinadas medidas fiscales para favorecer a los pensionistas. Hay que seguir creando empleo para sostener el pago de las propias pensiones y hay que apuntalar un sistema que precisa de una más alta tasa de natalidad y una economía en crecimiento. Se sabe en el Gobierno y se sabe en la oposición, otra cosa es el oportunismo y los juegos de la frivolidad. Construir una nación es una labor permanente, aunque ésta sea milenaria. Y hay más.

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