Peluchismo

ROSA BELMONTE

Unos treinta operarios recogieron la madrugada del martes las ofrendas depositadas en La Ramblas. Velas, flores, carteles, peluches... Había técnicos del Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona, del Museo d'Història de Barcelona, de Parcs i Jardins, de limpieza, de la Guardia Urbana. Y no actuaban como los que lanzan maletas en los aeropuertos. Despacio, como si manipularan los palitos de los Juegos Reunidos Geyper. Con respeto, con aplausos por parte de los viandantes, con lloros. Alguien preguntó si los ositos irían a Cáritas. No, a un museo, le respondieron. Las flores marchitas serán compostaje. Las velas se reciclarán en una gorda. La retórica afectiva envilece, escribió el otro día Gabriel Albiac. Un viudo lanzó dos mil botellas con mensaje en ríos y playas de Gran Bretaña para buscar novia. Lo han puesto verde por contaminar. Hay basura y basura. No desprecio el dolor, desprecio su exhibición sentimental. El peluchismo.

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