PELIGROS NAVIDEÑOS

JOSÉ MANUEL BERMUDO

DESDE que se conoció la fecha de las elecciones catalanas, es decir la fecha de hoy, la imaginación que algunos desarrollan a través de las redes sociales, como si no se dedicaran a otra cosa, avisaba, a quienes quisieran tenerlo en cuenta, del peligro de estos días. La teoría es que, si alguien no había tenido todavía ningún motivo para romper la paz navideña, ni siquiera en la comida de empresa, donde determinados efluvios hacen aflorar sentimientos ocultos, lo tendría ahora más fácil si se fija en que se suceden los citados comicios (con la división que provoca el independentismo en muchas familias, sobre todo catalanas) , el sorteo de la lotería y sus billetes a medias, que si tocan nunca lo son, y después el partido de fútbol entre el Madrid y el Barcelona, que también provoca lo suyo. Vamos, que ahora o nunca, aunque haya quien se lo tome todo con filosofía y aplique sabiamente aquello de que dos no se pelean si uno no quiere. Pero es que a veces hay gente muy insistente.

Cada año cuando llegan estos días hay quien se propone dosificar las fuerzas y no cargar demasiado su agenda, porque la experiencia le dice que siempre suelen surgir cuestiones imprevistas en el entorno familiar o compromisos de última hora entre los círculos de las amistades o del trabajo. Lo normal es que casi nunca se logre el objetivo, excepto aquellos que pueden permitirse disponer de los días y el dinero necesario para crearse su ambiente deseado en un lugar apartado.

No deja de ser paradójico que unas fechas en las que todo el mundo habla de paz, de solidaridad, de encuentros familiares y, hasta a los desconocidos, les deseamos felicidad y prosperidad, originen después situaciones de tensión, e incluso de conflictos, que no se dan el resto del año cuando no celebramos nada y todo se afronta con cierta normalidad. O dicho de otra forma, no se comprende que en unos días en los que lo que se pretende es pasarlo bien, hacerse regalos, comer mejor, ser entrañable y hasta tener una cierta esperanza en que la cosa mejore, haya algo que al final origine un problema y mande al traste todo lo que se había planificado con ilusión. Es decir, si se sabe que va a salir mal, para qué celebrarlo.

Muchos consideran que la Navidad es un estado mental que, a no pocos, lo que les provoca en gastar más de lo debido sin mirar siquiera cómo aumenta una tarjeta de crédito que después pasará la factura sin compasión ni solidaridad, lo que también es uno de los peligros a tener en cuenta. Sí, porque los cambios en las tradiciones han hecho que ahora se entreguen los regalos el 25 de diciembre, bajo las agujas de un pino y entregadas por Papa Noel. Y más tarde, cuando llegan los Reyes Magos hay quien no puede resistirse y repite, por aquello de no romper del todo las costumbres. Osea, gasto doble.

En todo caso, y hablando de peligros, no hay que olvidar nunca el que ofrece la carretera y el uso que hacen de ella algunos. Porque el inadecuado estado en el que algunos se ponen al volante no solo puede ocasionarles daños irreparables a ellos, sino a los que no tienen culpa de nada. Tengan en cuenta el dato de que la provincia de Málaga ha sido en los últimos meses la de mayor recaudación de toda España en multas de tráfico, sobrepasando incluso a la de Madrid, que antes nos ganaba de largo. Triste liderazgo el de pagar más que nadie, pero porque se infringen también más las normas, sobre todo por exceso de velocidad. La multa puede que sea el mejor resultado de una imprudencia, pero tampoco es una alegría navideña.

En definitiva, se nos acumulan las cosas a partir de ahora, con ese calendario apretado de posibilidades. Claro que... todo depende del control que cada uno sepa hacer de los acontecimientos. Así que feliz Navidad a todos, y elecciones y loterías ...y todo eso.

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