Películas de miedo

Algunos nombres no sabemos pronunciarlos, pero otros los aprendemos rápido

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

Hay que tener mucho cuidado con lo que decimos. En una entrevista en TV3, Puigdemont ha afirmado que al tsunami de querellas seguirá un tsunami de democracia. Dicho y hecho: en México han activado la alerta por tsunami tras el terremoto de 8,2 grados en la escala de Richter. Boca de cabra. Lo del seísmo no tiene nombre, y al mismo tiempo un huracán, que se llama Irma, recorre apocalípticamente el Caribe, escoltado por otros dos huracanes que han puesto el ojo en la zona. Lo mínimo que podríamos hacer es aprender de una vez a pronunciar esos nombres. Puigdemont, Richter. Puigdemont se llama Carles, y Richter se llamó Charles, como el anterior rey (Joan Carles). El físico Richter se interesó por los terremotos al vivir en una zona sísmica. Lo más curioso es que esa zona sísmica era Pasadena, que podría traducirse casi por no pasa nada, o todo lo contrario: pasa de nada, o sea: se interesa por todo, un hombre comprometido, como Carles Puigdemont, que nunca ocultó su compromiso con la causa independentista, aunque por esas querellas pueda caérsele el pelo, ese pelo ¿cómo pueden algunos conservar tantísimo? Mira Romeva. Rajoy se lo tiñe y juega con los tonos, que cada cuál haga con su pelo -más que lo que quiera- lo que pueda. Ya sabemos que los presidentes y los presidents cuentan con presupuesto para el maquillador, sin embargo algunos salen trasquilados. El de Macron le ha sacado los coloretes con esos veintiséis mil euros de factura en sólo tres meses. Aunque tendrá que descontar la cuota de autónomo. Al anterior presidente francés, Hollande, que ya se fue, el maquillaje no le salvó la cara.

Más fácil de pronunciar, incluso demasiado fácil, es el nombre de otra mujer comprometida con el independentismo, Rosa Mirás, que pidió en las redes sociales que violaran a Inés Arrimadas. Arrimadas ha anunciado que va a denunciar a Mirás, cuyo nombre es tan fácil de pronunciar que ya ha sido lapidada por miles de ciudadanos cibernéticos, además de haber perdido el trabajo. Era tasadora, pero no supo medir el alcance de sus actos, algo en lo que parece que también falla Puigdemont. Todo internauta lleva una piedra en la mano, y el mecanismo de lanzarla es extremadamente sencillo. Cualquier tonto te dice tonto, o mucho peor. El caso Mirás podría usarse pedagógicamente en los colegios, su asqueroso insulto y sus tristes consecuencias. Ha mostrado arrepentimiento y asegura que no sólo ha perdido su trabajo si no que le será imposible encontrar otro. Ahora es fácil tirar al blanco con ella, hacer leña del árbol caído. Que actúe la justicia, que tras el tsunami de querellas tiene trabajo de sobra. Pero nosotros no somos la justicia.

Siempre me ha encantado septiembre, pero presumo que este se me va a hacer largo. Qué ganas de que llegue el día 2 de octubre, para celebrar el cumpleaños de mi hermano. La única condición que le pondré es que apague el telediario. Me dan susto las películas de miedo.

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