La patria andaluza no existe

El patriotismo no ha traído a esta comunidad nada más que pobreza, dolor y sometimiento

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Hay un mantra que se ha escuchado muchas veces, una mentira que no por haber sido dicha mil veces se ha convertido en verdad, y es aquella que dice que a Andalucía le habría ido mejor con un partido nacionalista. Ahora mismo, viendo las terribles consecuencias que está dejando el independentismo tanto para los catalanes como para el resto de españoles, resulta sencillo desmontar esta falacia. Lo más parecido que hemos tenido aquí a un grupo nacionalista fue el Partido Andalucista, que jamás supo aglutinar el sentimiento del que pretendió hacer gala y que ya ha sido disuelto, envuelto en la tristeza de unos cuantos militantes que firmaron el acta de defunción en un congreso en Torremolinos, hace ya un par de años.

El hueco emocional que el PA pretendió ocupar como partido bisagra, en la búsqueda inexacta de amasar poder con más pena que gloria, sigue estando vacío y ahora el PSOE-A lo ha asumido como suyo. Por lo demás, no existe ningún partido propiamente andaluz relevante, y tampoco se le echa de menos. Por eso resulta necesario que haya políticos electos capaces de enfrentarse a su propio partido, ya sea en Málaga, en Sevilla o en Madrid, para luchar por lo que ellos entienden que es bueno para la región en la que fueron elegidos. Pero eso también es raro encontrarlo.

Pese a algunos intentos de manipulación y alguna fábula respecto a Blas Infante, en Andalucía debe honrarnos que en el sentimiento andaluz jamás haya cabido una pretensión separatista o nacionalista. Por eso la reivindicación del 4-D resulta tan gloriosa; porque lo que vibró en ese movimiento fue una sana pretensión de igualdad y de justicia. Esa trágica y heroica jornada marcó el principio de que en Madrid se empezaran a dar cuenta que no se podían hacer grandes discriminaciones de los andaluces o los extremeños respecto a los vascos o a los catalanes. Había que tratarnos a todos por igual. Luego, más que un andalucismo separatista, lo que podría haber cambiado para mejor la historia de nuestra autonomía es que hubiéramos sido capaces de cambiar nuestro modelo productivo de una vez, algo que habría ocurrido si no fuera porque los distintos planes de 'modernización' de Andalucía no hubieran resultado ser un estrepitoso fracaso.

Todos los andaluces, incluso los que ni siquiera habíamos nacido en el 77, podemos guardar admiración y respeto a quienes los que se levantaron aquel trágico día de diciembre para exigir igualdad, progreso y bienestar, los cientos de miles de andaluces que salieron a la calle para pedir que el poder no estuviera donde siempre había estado. Por lo demás, el patriotismo no ha traído a esta comunidad nada más que pobreza, dolor y sometimiento. Como cantaba Carlos Cano, uno de los que mejor encarnó este andalucismo bien entendido, «cada vez que dicen patria, pienso en el pueblo y me pongo a temblar».

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