Patología dual

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Los recortes habidos en la sanidad pública por culpa de la crisis han hecho mucho daño a todos los servicios. Si ha habido un sector que ha salido más perjudicado ha sido el de la salud mental. Las carencias que arrastraban los pacientes psiquiátricos desde hacía décadas se han visto agudizadas con los tijeretazos dados para reducir gastos. El panorama que soportan familiares y enfermos es oscuro tirando a negro zaíno. Esa pésima situación hay que denunciarla todos los días, pero cobra hoy relevancia especial al celebrarse el Día Mundial de la Salud Mental. En esta fecha, los políticos sacarán pecho y dirán lo bien que se están haciendo las cosas, aunque los que conocen el paño de primera mano (familiares, profesionales y enfermos) saben que es falso, porque la situación va de mal en peor. Son muchas las cuestiones acuciantes que hay que mejorar y resolver dentro de la salud mental, pero una que no admite que se la dé de lado ni medio minuto más es la que sufren las personas con patología dual (enfermedad mental y adicción a las drogas). Esos pacientes se encuentran en un estado de desprotección. Los servicios sociosanitarios públicos no cogen el toro por los cuernos y ponen en marcha los medios que hacen falta para desarrollar con garantías un tratamiento que aborde de forma integral el padecimiento psíquico y el consumo de estupefacientes, una adicción que incrementa las secuelas de la enfermedad mental.

Los protocolos que se emplean en los servicios sanitarios son insuficientes para sacar a esos pacientes del pozo en el que han caído. Las familias de los enfermos pasan por un calvario sin fin, que les amarga la vida y las aboca a la desesperación al ver que nadie les resuelve un problema que cada vez es mayor. La Administración se merece un suspenso con todas las letras por no aportar el apoyo que reclaman los familiares ni ofrecer a los pacientes la atención que precisan para abandonar el mundo de las drogas y encauzar su trastorno psíquico. En unos casos, el consumo de estupefacientes conduce al padecimiento psiquiátrico y en otros es al revés. Sea como sea, esas personas atraviesan por aguas pantanosas que se las van tragando sin que reciban a tiempo una mano que las saque y las ponga a flote. La Junta de Andalucía debe actuar con una contundencia que ahora se echa en falta para que la patología dual deje el foso en el que está. Para empezar, hacen falta lugares donde los enfermos puedan residir y recibir una asistencia especializada. Las familias ya no pueden más. Se sienten, con toda la razón del mundo, más solas que la una.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos