Un paseo por el español

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

Fue Gonzalo de Berceo el primer escritor en castellano, nacido en 1198, a finales del siglo XII, cuyo nombre y obra conocemos. Escritor riojano dedicado a tareas administrativas en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, escribió en nuestra lengua sobre todo vidas de santos. Sin embargo, su obra principal es 'Milagros de Nuestra señora', escrita hacia el año 1260. Berceo fue el principal escritor del 'Mester de Clerecía' y se esforzó en depurar el castellano, transformando el latín culto a las palabras orales tradicionales, incluyendo expresiones y vocablos en vasco -lengua que dicen que no es otra que la propia de los iberos y cuyo legado aún permanece en nuestros días-. Es realmente sintomático comprobar que el castellano -luego español- nace en la Rioja Alta, a tiro de piedra del País Vasco, en tierras en las que se conjugaba el latín con la lengua vasca.

Como de todos es sabido, nuestra lengua -el español- tiene cinco vocales, especial característica que sólo comparte con el hawaiano y el vasco. Por ello los autores sostienen crecientemente que nuestra fonética vocal procede de la propia lengua vasca y la sintaxis y la raíz vocabular del latín. El español o castellano -como todo el mundo sabe- es una lengua romance, como también lo son el portugués, el gallego, el occitano, el catalán, el aranés, el valenciano, las lenguas baleares -mallorquín, menorquín e ibicenco-, el italiano, el sardo, el francés, el rumano y alguna otra más. Clasificarlas en lenguas y dialectos es hoy una tarea muy compleja y los especialistas no se ponen de acuerdo.

En lo referente a las lenguas iberorrománicas, cabe excluir al catalán, al valenciano y a las variedades baleares, puesto que éstas proceden de la llamada lengua de oc u occitano-romance. Todas ellas, en cualquier caso, aparecen de modo coetáneo y su uso se hace hegemónico allá en los territorios a cuyo nombre su voz hace alusión. Sin embargo, el rey Alfonso X el Sabio impulsa en su gobierno el uso del castellano allá por la mitad del siglo XIII en adelante. Los textos de la ciencia, la cultura, la religión y la administración se redactaban en las dos lenguas oficiales, el latín y el árabe, pero la gran importancia de este monarca radica en su decidido esfuerzo por sistematizar la traducción de los textos oficiales a la lengua del pueblo, el castellano. Por aquellos tiempos, hacía ya dos siglos que diversos autores, como Juan de Sevilla, Hugo de Santalla, Gerardo de Cremona o Platón de Tívoli, tradujeron del árabe al latín un inmenso número de obras científicas y literarias. Ello hizo aún más factible la labor de Alfonso X para que en vez de traducirse al castellano de forma oral, se hiciese por escrito. Fue la decisión de sistematizar la traducción, aplicando criterios y técnicas uniformes para hacer del castellano una lengua normalizada y universal. De este modo, usando el castellano como base, se añadieron características lingüísticas del resto de los territorios, Valencia, Aragón, Condado de Barcelona, Navarra, León y Asturias, para lograr que fuera la lengua de todos. En las traducciones, incluso fue necesario añadir gran número de neologismos tomados del árabe, de forma que fuese una lengua que pudiese tener uso integral en todos los campos de la vida humana, cultural, científico y coloquial. En ese exitoso empeño, la Escuela de Traductores de Toledo, dirigida por el Rey, llevó a cabo la ingente tarea lexicográfica y lexicológica que enriqueció definitivamente al castellano con toda una serie de términos literarios, filosóficos, jurídicos y científicos, de los que carecía. Así puede decirse que a mediados del siglo XIV el castellano estaba completamente configurado como lengua literaria e integral.

Tras este brillante impulso, el español se fue imponiendo como lengua común de todos los españoles por su carácter de lengua franca, era la lengua comercial, cultural y políticamente la más importante desde finales del siglo XIV. Ninguna otra lengua de España abordó su crecimiento y desarrollo como lo hizo el español con Alfonso X. El castellano fue adoptado voluntariamente por Cataluña y el resto de la nación «... por los grandes prestigios que adquirió como lengua». La convivencia entre el latín, la lengua de oc, el aragonés, el valenciano y el catalán, fue lo habitual en Aragón, Cataluña y Valencia. Con los Reyes Católicos y la unión de Castilla y Aragón, el castellano se convirtió en la 'lingua franca'. Hoy lo sigue siendo, la lengua propia de unos y otros, el español. Conviene saberlo, pues con el respeto que todas las lenguas de España merecen, no es lo mismo la lengua de Cervantes, la lengua que hablan al menos 600 millones en el mundo, que todo lo demás, y lo que no es lo mismo no es igual. Sacudamos complejos y reemprendamos los caminos del sentido común.

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