No pasa nada por estar mal

Vienen curvas

Ana Barreales
ANA BARREALES

La tristeza molesta mucho. Y no me refiero a la propia, que es normal que a cada uno le duela lo suyo, sino a la ajena, la que tenemos alrededor. Necesitamos estar permanentemente rodeados de alegrías y buenrollismo para que no se empañe nuestro espejismo de que todo está bien. Y aparentar siempre que todo va genial genera mucho estrés .

No se trata de ser maripenas, esa gente amargada que aparece e una fiesta y dan ganas de quitar la música, que siempre tiene una queja o una injusticia que reprocharle a la vida para justificar su desgracia, sino de ver las cosas gris de vez en cuando. Todos tenemos partes frágiles. Admitir debilidades es de personas seguras que se conocen bien y el primer paso para superarlas. Igual pasa con la tristeza: hay que admitirla y sentirla para poder pasarla.

Nunca he comprendido a los que cuando a un amigo le pasa una desgracia no le llaman «porque no saben qué decirle». Como si tuvieran que contarle algo para 'arreglar' lo que ha ocurrido. A veces sólo se trata de estar ahí. Hay cosas que no tienen solución y se puede ofrecer poco más que compañía, que ya es mucho.

Me lo decía el otro día una psicóloga: Tenemos una necesidad enfermiza de decir que no pasa nada y que hay que animarse ante cualquier cosa, incluso en circunstancias terribles, como cuando se pierde a alguien cercano y claro que pasa algo y muy grave. Puede que sea para autoconvencernos a nosotros o quizás sólo es algo que se dice para llenar los silencios.

Da bastante miedo el dato que ponía sobre la mesa el psiquiatra Sánchez Menéndez en estas páginas en un reportaje de Ana Pérez-Bryan sobre adicciones infantiles y juveniles. 13,7 años es la edad media en la que chavales están siendo medicados con hipnosedantes porque tienen cuadros de ansiedad o no pueden dormir. Con o sin receta. Y se preguntaba: ¿A quién culpamos: ¿A los padres? ¿A los médicos? ¿A los profesores que presionan para que se les trate?.

Queremos niños perfectos, así que si uno se sale de la línea, se resuelve con una pastilla. Falta medicarles para que no se pasen de alegría y convertirles en cyborgs

Buenas noticias: no pasa nada por estar triste a veces, cuando la ocasión lo merece. Es más, creo que resulta bastante saludable. Así son las cosas, uno no siempre está en perfecto estado de revista.

Recomiendo mucho practicar de vez en cuando con gente de confianza. Ante la pregunta de ¿Qué tal? Responder: «Fatal, llevo un día como el culo» y quedarte como Dios. Aunque solo sea como terapia. Sirve también para recuperar credibilidad y estoy convencida de que, una vez superada la cara de póquer del que pregunta, genera más endorfinas que una hora de carrera por el paseo marítimo.

Pues eso. Don´t worry. Be sad.

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