Yo no paro

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Hoy yo no paro. No tengo motivos, la verdad. Ni en este trabajo, ni en ningún otro, jamás me han preguntado si tenía hijos o si tenía previsto tenerlos. En realidad ni siquiera me preguntaron si tenía pareja, mucho menos si estaba casado o si pensaba en ello. Que yo sepa, además, ninguna de mis compañeras gana más que yo por tareas iguales o similares.

No tengo motivos para parar hoy. Las escasas jefas que tuve en todos mis años de profesión me trataron con respeto, jamás se me insinuaron, ni me tocaron cuando yo no quería, ni invadieron mi espacio, ni dieron por hecho que no entendería algo por el hecho de no ser mujer. Ninguna de las compañeras a las que me tocó en un algún momento dirigir se sintieron jamás humilladas por el hecho de que fuera un hombre quien les dijera qué debían hacer o les comunicara qué se esperaba de ellas.

No encuentro razones para sumarme a la huelga. Nunca escuché comentario alguno en mi lugar de trabajo sobre mi aspecto físico, pese que la aguja de la balanza ya roza peligrosamente el número 100; y si alguien me miró el culo lo hizo con el disimulo suficiente para que nadie se diera cuenta,

¿Por qué debería parar hoy si nunca escuché de amigas o de parientes chistes que sugirieran que el mejor lugar para mí estaba en la cocina o fregando los suelos? Alguna vez yo sí me he reído con algún chiste de esos que, por suerte, cada vez se escuchan menos y que además desde que nacieron mis hijas no me hacen ni puta gracia.

No tengo motivos para parar hoy. Cuando era chico nadie me dijo que los varones no podíamos jugar al fútbol en el recreo, y nadie me sugirió jamás que no jugara al rugby por ser un deporte escasamente masculino.

No tengo ningún motivo para sumarme a la huelga. Mi compañera jamás me mostró su disposición a ayudar en lo que pueda, es decir, en sus ratos libres, en las tareas de la casa. Simplemente se hizo cargo de todo lo que había que hacer y no hizo otra cosa que esperar, a veces con mas éxito y otras con menos, lo mismo de mí. Mis jornadas nunca han sido tan largas como las suyas.

No paro y tampoco tengo motivos para identificarme como 'masculinista'. Aunque por mi derecho a llorar cuando me dé la gana, por mi derecho a invitar y también a que me inviten, por el derecho de mis hijas y de mi madre a que yo también cuide de ellas, por mi derecho a sacudirme las cadenas culturales que aún a veces me sujetan sin que me dé cuenta, acompaño, apoyo y espero que la huelga de hoy sea todo un éxito.

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