Nosotras parimos, vosotras decidís

En los argumentos contra la gestación subrogada la estrechez de miras es total

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

La irrupción del debate sobre la gestación subrogada en España nos está dejando unos argumentos políticos similares a los que tuvo el aborto en su momento. Hay pocas diferencias. Una está en los curiosos compañeros de viaje que tiene la oposición a esta propuesta. Por ahora están, a pesar de que la Virgen María fue el primer vientre de alquiler, la Iglesia católica y el núcleo más duro del PP, y a ellos se unen unos sectores del feminismo, que hay que recordar que no son todos. Y, después de la proposición de Ciudadanos, sabemos que ni PSOE, ni Podemos, ni Unidad Popular piensan por ahora votar a favor. Mientras tanto se escuchan cosas terribles y terminales, como que las mujeres se convertirán en vasijas o «en incubadoras para ricos», o que la traducción de este proceso son «granjas de mujeres en Ucrania». Sorprende que estas palabras vengan de la izquierda, donde ya no se acuerdan del «nosotras parimos, nosotras decidimos», un viejo eslogan que ahora se disuelve mientras olvidamos su verdadero impulso de liberación.

Se comprueba que la estrechez de miras es total. De fondo tenemos el fastidioso rol paternalista del Estado que marca el territorio de lo que las personas están autorizadas a hacer con su cuerpo. Igual que en el aborto, la situación a la que supuestamente quiere hacer frente este rechazo ya existe: se trata de regularla. Del mismo modo que hace años las mujeres españolas se veían forzadas a viajar a Londres para interrumpir su embarazo, o hacerlo en la clandestinidad, ahora se obliga a quien quiere optar a la gestación subrogada a buscarla en otros países, a menudo con menos garantías de seguridad y legalidad. En otros lugares quizá más desarrollados que el nuestro la gestación subrogada es legal. Hay varias fórmulas: sin ningún tipo de beneficio económico, como en Australia o Canadá, entre familiares de cierto grado como en Brasil o de forma mixta, de la gratuidad hasta los más de 150.000 euros que puede pagarse por un vientre en Estados Unidos o en Rusia. Es cuestión de tiempo que esta técnica de reproducción se convierta en una práctica universal, al menos en todo Occidente

La propuesta de Ciudadanos implica que puedan convertirse en donantes las mujeres españolas mayores de 25 años y de buena salud, que hayan parido alguna vez antes y con una estabilidad económica que les impida hacerlo por motivos económicos. El carácter altruista es importante porque derriba el discurso de la mercantilización, aunque uno imagina que si alguien puede romperse la espalda trabajando en una obra, una ciudadana debería estar en su perfecto derecho de acoger durante nueve meses un feto, ya sea por dinero o por ayudar a los demás, que es lo que no quiere entenderse. Que no se preocupen. Dentro de pocos años gestaremos fetos en cámaras frigoríficas. Y entonces no necesitaremos vuestra tolerancia.

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