Esto no es lo que parece

Ana Barreales
ANA BARREALES

Puede que defraude alguna expectativa con el título de este artículo, pero no, no voy a relatar ninguna infidelidad. Al menos no una infidelidad sexual, si acaso de pensamiento.

Lo del concejal de PSOE de Tenerife que fue dado de baja en el partido por poner en un grupo de Whatsapp de militantes socialistas por error un comentario dirigido a un chat de amiguetes cachondos es un 'Esto no es lo que parece' en toda regla. La frasecita se las traía: «Yo, a follar con empleadas que pongo yo y enchufo en el Ayuntaminto...jejeje...y después a hacer campaña por frikis».

Vaya por delante que cualquiera puede ser pillado en un renuncio cuando cree que habla para un grupo de confianza y que desconozco la forma de pensar del concejal tinerfeño. Pero, sinceramente, después de conocer sus aportaciones ¿humorísticas? Me interesa bastante poco. Su chascarrillo no tiene ni puñetera gracia. Resulta que casi siempre es la misma historia: mantienen una postura pública políticamente correcta y luego hacen bromistas o dicen en privado radicalmente lo contrario, jugando siempre con esa dualidad de blanco o negro, de esto es real o es broma. Así, según el auditorio que tienen en cada momento, mantienen una postura o la otra, según les convenga en cada caso. Y cuando alguien les afea su conducta se defienden: Esto no es lo que parece, bromeaba y/o está sacado de contexto.

En el fondo, cuando los chistes van siempre por el mismo sitio: sexismo, racismo, fascismo, homofobia..., dicen bastante de la persona, de su (falta de) sensibilidad, de sentido del humor y de originalidad. Y no es bordearía, es que muchas veces entre la sinceridad y la corrección política se establece una línea difusa y confusa a propósito. Cuando uno no puede/quiere decir en voz alta lo que piensa porque queda mal y no le conviene.

Algo a lo que también se juega en la separación entre la esfera privada y la pública. Ahí está Donald Trump, que le van a tener que crear una hemeroteca para sus opiniones polémicas. Cuando soltó aquello de «cuando eres una estrella (las mujeres) te dejan hacerles cualquier cosa, agarrarles por el coño, lo que sea». Lo que él definió como 'comentarios de vestuario'. Que serán privados, pero se le ve plenamente convencido de lo que dice. O su frase sobre que si Hillary Clinton no era capaz de satisfacer a su marido cómo iba a satisfacer a los americanos. O cuando expone sus tesis sobre el reparto de las tareas domésticas: «Tener una esposa que trabaje es muy mala idea, porque si yo llego a casa y no está la cena pongo el grito en el cielo» o «nunca he cambiado un pañal, eso es cosa de mujeres». Y muchos otros comentarios con el mismo tufillo de troglodita alfa, machista y retrógrado. Después de eso parecía imposible que fuera elegido presidente de Estados Unidos. Y aquí estamos.

¿Esto no es lo que parece? Ojalá, pero me temo que es exactamente eso, lo que parece.

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