Pandereta

ROSA BELMONTE

Al lado de Rufián y Colau, Pérez-Reverte es Albert Camus. No Juan. Estoy entretenidísima con sus peleas. El escritor: «Tengo la teoría de que a Rufián le pegaban en el colegio o tenía miedo de que le pegaran, y de ahí sus conductas posteriores». Rufián contestó: «La verdad es que no, pero hay que ser muy miserable para frivolizar así el bullying». Bingo. La palabreja y la ultracorrección mamarracha. Al ver una causa noble (protagonismo LGTBI, maltrato escolar, qué más da), Colau se unió: «Discrepo en muchas cosas con Rufián pero en esto tiene todo mi apoyo: Pérez-Reverte debería pedir disculpas a las víctimas del bullying». Amárrame los pavos. Reverte: «... A usted nadie le ha dado pandereta en esta fiesta... No me utilice para sus basuritas político-folklóricas». La cosa siguió. Pese a los hostiazos dialécticos del Camús cartagenero, hay quien defiende la palabrería de los otros. Ganan los malos, lo único que nos queda es reírnos de ellos.

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