Los padres terribles

Ana Barreales
ANA BARREALES

Los padres queremos lo mejor para nuestros hijos. En realidad, aspiramos a que eso que definimos genéricamente como «lo mejor» llegue sin esfuerzo. Esperamos que salgan buenísimos, que estudien, que sean responsables, educados y hagan sus tareas escolares y domésticas, a ser posible solos y por iniciativa propia, que al final de la jornada estamos muy cansados y eso de conseguir que otro haga algo que no le apetece es muy duro.

Ser padre cansa mucho, porque es una tarea sin vacaciones, ni sábados, ni domingos. Bueno, fines de semana sí que hay, pero no para descansar. Si son pequeños y están todo en día en casa, malo, y si son mayores y salen, peor.

Así que en el fondo, la mayor parte tiende a pensar que como ya mandan a sus hijos al colegio, pues ahí tienen que enseñarles todo lo que necesitan saber en la vida. Aunque en casa tengan dos y el maestro tenga 25 en la clase, cada uno de su padre y de su madre. Y como, además, pagan su manutención y se encargan de sus múltiples desplazamientos por actividades extraescolares o vida social , pues eso ya cuenta como padres implicados en la educación de sus hijos.

Hablamos muchas veces de los bajos resultados de los alumnos españoles en algunos indicadores del informe PISA y, casi siempre, culpamos al sistema educativo, que como es algo bastante abstracto acepta la culpabilidad sin rechistar. Y nos quedamos tan tranquilos

Es posible que los padres de hace varias generaciones no tuvieran tanta formación como los de ahora, pero tenían el suficiente sentido común como para darse cuenta de que tener una buena educación es algo que va a marcar toda tu vida futura. Y eran conscientes del privilegio que suponía poder estudiar, así que exigían a sus hijos que se esforzaran y dieran lo mejor de si mismos en la escuela, y colaboraban reforzando la autoridad del maestro, incluso cuando no estaban muy de acuerdo con él, porque sabían que era bueno.

El último informe anual del Defensor del Profesor revela que la relación con los padres se ha convertido ya en uno de los principales problemas que tienen que afrontar los docentes. Lo que le faltaba a la educación en España. Insultos, falsas acusaciones y hasta agresiones físicas tienen que soportar. Si de ahí salen buenos alumnos es un milagro. Lástima que para ser padre no haya que hacer un curso de buenas prácticas obligatorio.

Naturalmente que hay buenos padres, incluso con sus pecadillos de estar un poco ausentes del día a día educativo o ser un poco intensos. Y luego están los plastas, que también tienen lo suyo: esos cuya principal aportación es hacer perder un poco el tiempo al profesor sin aportar nada a cambio. Pero es que cada vez hay más padres terribles y esos no salen nunca en el informe Pisa.

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