Los padres imperfectos

Ana Barreales
ANA BARREALES

Afortunadamente en el mundo hay cada vez más 'malas madres' y 'malos padres' en el sentido más casposo para unos y revolucionario para otros del término. Mujeres con más objetivos en su vida que la crianza de sus hijos y hombres que reivindican un papel más activo en la vida familiar y doméstica. La semana pasada se hacían públicos los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística sobre divorcios y había uno en el que estábamos muy por debajo de la media: custodias compartidas. Un 15% en Málaga frente a casi un 30% de media nacional. Y esto también es progreso.

Por desgracia, aquí todavía está demasiado arraigado en la sociedad el concepto de que la buena madre es la que renuncia a todos los aspectos de su vida para criar a sus hijos y que el buen padre es que aporta sustento económico a la familia, incluso a costa de renunciar a su crianza.

El resultado es que en los divorcios con hijos las custodias las siguen teniendo mayoritariamente las madres. Compartirla no es la solución a todos los males, porque también hay repartos muy puñeteros y, a veces, se solicitan con el objetivo de fastidiar al ex -'hijos venganza' -, o para no tener que pasar pensión, o se niega por lo contrario. Pero, aunque no sea la fórmula perfecta, salvo excepciones, es la menos mala de las opciones que se abren tanto para hijos como para padres cuando hay una separación.

Leía también en las páginas de este periódico un trabajo sobre cómo la en principio loable aspiración de llegar a ser padres perfectos puede llegar a convertirse en un motivo de frustración y cómo cuanto mayor es la aspiración de excelencia, más probabilidades de cometer errores y de convertirse en 'hiperpadres sofocantes'. En resumen: «Hay que preparar a tu hijo para el camino y no el camino para tu hijo».

Tan malos son los que pasan de los hijos como los que se pasan y dejan de ser personas adultas con distintos papeles: padres, amantes, profesionales, amigos, compañeros y seres con aficiones para centrarse exclusivamente en la crianza de sus retoños: su gran obra. Me tiemblan las piernas sólo de pensar en esos padres/madres que creen que han descubierto la paternidad -y que lo de antes eran ensayos fallidos de gente poco preparada- y de esos pobre críos sobre los que tantas expectativas han depositado. Es casi imposible no sentirse abrumado desde la casilla de salida porque nunca harán lo suficiente para responder a tanta entrega.

Hay padres que quieren a sus hijos, pero que no les hacen depositarios de todos sus sueños, deseos y aspiraciones, sino que les permiten tener los suyos propios. Padres que quieren ser buenos para sus hijos y prepararles para ser independientes en el futuro, juntos o separados. Y cuando cometen errores saben identificarlos sin dramatizar y rectifican. Vivan los padres imperfectos.

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