Padres, hijos y sexo

Ana Barreales
ANA BARREALES

Hay padres para los que es un trago hablar de sexo con sus hijos porque les da vergüenza. Así de fuerte es el tema. Y esto pasa amparándose en la absurda teoría de que si no se habla del asunto es como si no ocurriera o, peor aún, que hablar de sexo con sus hijos es básicamente una invitación a practicarlo. Como si hiciera falta.

Así que se crían entre silencios, sinónimos ridículos y sobreentendidos, porque como hay mucha información sexual a golpe de click, pues ahí la encontrarán cuando la busquen. Que es como suponer que el cuarto de baño no necesita limpieza porque ahí corren el agua y el jabón a sus anchas.

Se les dice sin ningún tipo de problema (como es normal) qué tiene que comer y qué no, qué ejercicio físico tienen que hacer, qué estudiar, que estaría bien que se interesaran por la robótica... Y no se les habla de sexo o se les habla como si fuera una posibilidad remota y esperando que nunca lo practiquen. En el mejor de los casos se menciona exclusivamente como una actividad frente a laque hay que protegerse para evitar embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual o abusos. Nunca como algo natural y placentero. Y entre el azoramiento de sus papás y que con las explicaciones que les dan parece casi una dolencia de la que hay que vacunarse, pues la comunicación no fluye.

En cuanto a la afectividad, las relaciones se dividen entre las que son en serio y las que no. ¿Puede haber algo más dramáticamente profundo que el amor en la adolescencia?

La verdad es que no hemos avanzado mucho en esto en los últimos años. En cambio, el acceso al porno y la sobreexposición a formas extremas de sexo sí que ha crecido y esa imagen distorsionada es muchas veces la única que tienen, así que afrontan sus primeras relaciones con unas expectativas absolutamente irracionales. «Estamos hablando a los niños de lanzas cuando ellos ya saben lo que es un misil teledirigido», decía el psiquiatra, psicólogo y sexólogo Francisco Cabello ayer en estas páginas.

Entre eso y que algunos evitan o retrasan estas conversaciones todo lo posible, pues es normal que cuando busquen información los padres no sean su primera opción. De hecho, no conozco a nadie que les haya pedido permiso antes de empezar a practicar sexo, así que, mejor que estén preparados.

Endosarles todo el marrón a los colegios no es buena idea. Debería haber unos mínimos de educación sexual en los centros, que no dependieran del interés de los maestros en profundizar un poco y de la tolerancia de los padres, que en muchos casos son guardianes hiperprotectores de la información que reciben sus hijos, porque lo que en realidad quieren es un imposible: que vivan en una burbuja y que no crezcan.

Y así nos va.

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