Ostracismo

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

España no participará en la próxima Copa del Mundo de Rugby. En un año en el que habrá Mundial de fútbol y a pocos días de que el Real Madrid juegue una nueva final de la Copa de Europa del mismo deporte, que España no haya conseguido la clasificación entristecerá a muy poca gente. A muchos no les importará en lo más mínimo y la mayoría ni tan siquiera se habrá enterado. Ése es parte del problema.

Sin embargo, no se le puede echar la culpa al fútbol, la disciplina que aglutina más del 90 por ciento del espacio que los medios, y sobre todo la televisión, dedican al deporte. El rugby es una de los pocas modalidades con algo de arraigo en este país que no se pudo montar en la ola que llevó al deporte español a lo que sin temor a la exageración podría caracterizarse como su edad de oro. Hubo un tren arrollador en los años recientes en los que el fútbol, el baloncesto, el tenis, el waterpolo, el balonmano, el hockey o el tenis llevaron a decir: Soy español ¿a qué quieres que te gane? Ese tren no se detuvo en la estación del rugby, que siguió siendo un deporte ignoto y sin capacidad para competir con los mejores del mundo. El público, lógicamente, lo ignoraba. Y con él los patrocinadores, lo que creaba una dinámica círcular de ostracismo muy difícil de romper.

Sin embargo, durante los escasos días en los que la selección española masculina de rugby estuvo prácticamente clasificada para el mundial, el reducido pero constante ambiente del rugby español pareció salir del anonimato. El campo donde jugaba la selección llegó a llenarse, la televisión le concedió minutos y parte del gran público pareció interesarse. El último episodio de este oasis, que en realidad era un espejismo, tuvo lugar el pasado fin de semana en Bilbao, que acogió la final de la Champion Cup entre un equipo francés y otro irlandés.

España estaba ahora pendiente de una resolución de la federación internacional tras un polémico partido recurrido por España por un arbitraje parcial. El escándalo, inusual en un deporte en el que la lealtad es una parte sustancial e imprescindible del juego, dejó claro que el mundo del rugby no se interesa lo suficiente por los países donde el deporte no ha alcanzado aún el primer nivel . La decisión ha sido drástica. Los tres países involucrados en la polémica -España, Rumanía y Bélgica- han sido eliminados por sendas alineaciones indebidas.

La decisión deja a España sin ir al mundial del año que viene y vuelve a condenar a este deporte, con 35.000 fichas en todo el país, a un ostracismo que no merece. Habrá que comenzar de nuevo. Pero, ya se sabe, la gente del rugby es dura y se levanta después de los golpes. Por más duros que sean.

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