Ortín y el ejemplo

Cada pedalada de Antonio demuestra que hay salvación de este tiempo

JESÚS NIETO JURADO

Hay personas, pocas, que nos reconcilian con la especie. Personajes sinceros, que no venden moral de baratillo, ni se dicen salvadores de la Humanidad entre cubata y cubata. Gente normal, machadianos y buenos en el buen sentido de la palabra. Algunos son deportistas, otros no. Otros lo han sido y lo vuelven a ser. Pero son esos paisanos por los que merece la pena levantar el día y ponerle dientes y sonrisa a la mañana. Y los hay, sí, y además en este oficio donde se nos pone la lupa hasta en la forma en la que jadeamos. Sé que afuera está atronando, que el Planeta que conocimos va tendiendo a desaparecer. Que hay menos hielo en los casquetes polares y que el mundo que viene será el peor de los mundos posibles.

Pero como en todo, conviene ir a buscar la virtud, el término medio, la ponderación y el olé. Porque en estos días de mal vino y peores rosas he conocido la heroicidad del gran compañero Antonio Ortín, que junto al fotógrafo Alejandro Hurtado se va a meter en bicicleta, a partir del martes, 700 kilómetros entre Salamanca y Santiago. Lo hacen para concienciarnos sobre el Alzheimer, pero también para dejarnos una brizna de esperanza sobre este tiempo que vivimos. Y me da orgullo compartir estas páginas con Antonio, claro que sí; porque de la tragedia de la vida ha hecho Antonio camino, mella, maillot y kilómetros. Y no se va al Serengueti a firmar balones y desgravar con solidaridad de salón, como Messi, sino que va a tragarse el polvo atroz de la Meseta, el calabobos gallego, en un septiembre agosteño. Antonio Ortín sabe de qué va la vaina del ciclismo, que es quizá un deporte que no sea deporte, sino un enfrentarse del hombre contra el ácido láctico y sus peores demonios: la sed, el silencio, y el paisaje sobrio de la planicie. El castigo de estos dos hombres bien vale que el Alzheimer se erradique, que toda enfermedad es cruel, pero ésta es devastadora en círculos concéntricos y familiares. Yo desde estas páginas, desde esta columna, le mando el aliento y hasta les puedo ir recomendando sitios y gentes, que aquella también es mi tierra.

Su proyecto, el 'Camino de la memoria', debiera ser ejemplo de esas virtudes que hay que ponderar del deporte. Ni el más alto, ni el más fuerte, ni el más lejos: sino mejor persona. De Ortín no tengo ninguna duda. En sus columnas uno va viendo que el mundo puede ir haciéndose mejor a partir de la columna. Ortín es compañero de páginas y pedaladas, y aunque coincidimos poco, lo tengo estos días de fatiga y la Vuelta por Olías más cerca que nunca. La fortuna favorece a los valientes, y eso lo sabes tú, Antonio, con tu ejemplo y tu heroísmo a dos ruedas y a la solana.

Entretanto hay mala gente que camina y empaña la tierra, la tierra mojada de sangre, con banderas estrelladas. Entretanto la ciudad espera a la peor DANA y Ortín, orgullo de este periódico, pedalea por una España que aún tiene salvación.

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