Orgullo andaluz

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

Ángel León, cocinero gaditano, ha conseguido cuatro estrellas Michelín de una tacada. Tres para su Aponiente, y se pone al nivel de Arzak por ejemplo, y otra estrella más para Alevante. Dieciséis restaurantes andaluces están en el 'gotha' de la gastronomía nacional, que es, como se sabe, lo más de lo más, porque la cocina se ha convertido el arte supremo de la post-postmodernidad. Pues bien, este éxito, que primero me da un subidón personal, porque casi que he visto crecer a León, niño que hacía rabona con mis hermanos por las playas de Valdelagrana, junto a su colegio, las mismas dunas por donde también Alberti se escapaba de las aulas de los jesuitas, creo que merece una meditación: A nadie se le ocurre asociarlo a una imagen de calidad y de prestigio para el conjunto de Andalucía. Solo parecen accidentes, mientras el mundo se deshace en elogios de los fogones vascos o catalanes.

Y así todo. En estos tiempos de agitación nacionalista, es un signo de civilización no formar con los supremacistas, pero a Andalucía le hace falta sacar a pasear los colores, las plumas, los correajes, el orgullo andaluz. Levantar la cabeza y mirar al mundo de igual a igual. Sin pedir perdón ni avergonzarse.

Motivos no faltan. Desde la Sanidad pública andaluza, que ha situado la esperanza de vida por encima de la media europea; que gana reconocimientos internacionales y alberga milagros como el del doctor Antiñolo y sus bebés-medicamento, hasta la educación, donde hay montones de equipos educativos que muestran sus trabajos en paneles mundiales, mientras entre los premios nacionales de bachillerato cada año mandan los alumnos andaluces. Así mucho más: el liderazgo del campo almeriense, y en una provincia sin agua. El de la agricultura ecológica. La alta tecnología aerospacial, que nos sitúa entre los polos europeos del sector. O el turismo, donde se va a alcanzar el récord mundial de 29 millones de visitantes. Los indicadores de 2017 son magníficos, pero hace falta creérselo. Da la impresión de que nos han comido la moral los que predican eso de la 'Andalucía subsidiada', por mucho que se haya demostrado que no es así.

Hemos, pues, de pensarnos de otro modo. Hubo varias operaciones de autoconvencimiento, desde aquél «Siéntase orgulloso de ser andaluz» de Iñaki Gabilondo, el programa 'Andalucía 10' que puso en marcha Griñán, y ahora se vuelve a abordar con motivo del 4D. Sin embargo, no ha resultado. El 'pionerismo' de la Junta, eso de que la comunidad es líder en todo, parece propaganda pura y dura. La oposición 'destroyer' nunca reconocer nada. Pero por salud mental, por justicia también, es preciso mirar la cara A de nuestra comunidad, reconocernos en ella y seguir avanzando.

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