Optimismo tras la escalada

JOSÉ FERNÁNDEZ ALBERTOS CIENTÍFICO TITULAR DEL INSTITUTO DE POLÍTICAS Y BIENES PÚBLICOS DEL CSIC

Ya tenemos aquí la combinación de escenarios que muchos temíamos: declaración de independencia aprobada en el Parlamento catalán, y autorización por parte del Senado a una amplia intervención del Gobierno en Cataluña a través del artículo 155. Algún día estudiaremos con detalle cómo llegamos hasta aquí, y podremos dar cuenta de la aparente paradoja que supone que acabemos con esta combinación de decisiones indeseada por amplias mayorías de catalanes: las encuestas muestran que los catalanes rechazan la puesta en marcha de la declaración unilateral de independencia, y que tampoco apoyan la intervención de las instituciones de autogobierno por parte del Gobierno central.

En mi opinión, lo que muestran estas decisiones es que unos y otros han preferido priorizar el mantenimiento de la cohesión interna a la adopción de decisiones más audaces que podrían contribuir a desescalar el conflicto, pero que a día de hoy no generan suficiente seguridad sobre sus consecuencias futuras. Dicho de otra forma, si no sabemos hacia dónde derivará esta situación, lo más importante tanto para el Gobierno español como el catalán ha sido mantener unida a su coalición de apoyo. Por un lado, los independentistas saben que la declaración de independencia no encontrará ningún apoyo internacional, y que será imposible hacerla efectiva. Pero una desescalada previa a la puesta en marcha del 155 tensaba enormemente las relaciones entre 'duros' y 'blandos', y tenía pocas garantías, a su juicio, de generar un escenario mucho más favorable al que se enfrentarán ahora. Por otro, el Gobierno central es consciente de lo problemático que es gestionar una administración autonómica desde Madrid en un contexto de enorme conflictividad y falta de complicidad de parte de la ciudadanía y la burocracia (así creo que hay que entender la inteligente decisión de Rajoy de convocar elecciones al menor tiempo posible), pero conceder garantías a los soberanistas no garantizaba, también desde su punto de vista, una resolución del conflicto necesariamente más satisfactoria.

¿Significa esto que los intentos de desescalar el conflicto en los últimos días han sido inútiles? No necesariamente. Primero, porque muestran que todos los actores relevantes han empezado a ser conscientes de los costes institucionales, sociales y económicos que para todos tendrá un enquistamiento del conflicto. Segundo, porque se han activado vías de comunicación que sin duda serán necesarias a partir de ahora. Y tercero, porque han puesto de manifiesto la existencia de brechas y diferencias dentro de cada bloque, en especial dentro de los que hasta ahora han apoyado la estrategia independentista. De que estas brechas se cierren o se abran en las próximas semanas dependerá en buena medida cómo evolucionará el conflicto. Porque no nos engañemos, la sostenibilidad política de cualquier solución dependerá de ser capaces de atraer al acuerdo a al menos una parte de los que hoy están en el soberanismo.

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