Oprah

MIKEL LABASTIDA

Si elaborásemos un listado con los símbolos más representativos de Estados Unidos no podría faltar el dólar, la Casa Blanca, la Estatua de la Libertad y Oprah. Sí, la presentadora y actriz ha conseguido ser en un icono indiscutible no solo de la industria del espectáculo sino de la sociedad estadounidense en general. No digo yo que la periodista de Misisipi no tenga detractores, pero en general se ha labrado una carrera respetada y admirada en todos los sectores. Y eso es lo más sorprendente, Oprah gusta en círculos muy diversos. Tanto a los más bohemios como a los menos inspirados, a los más humildes y a los que amasan fortunas, a ejecutivos de Manhattan y a rancheros de Wyoming, a hombres y a mujeres. Y viceversa. En España no existe un caso similar. En algunas ocasiones se ha intentado colocar la etiqueta de la 'Oprah española' a diversas profesionales, entre ellas a Ana Rosa, pero no tienen nada que ver. Las comparaciones son odiosas y en este caso bastante inexactas. Es cierto que el rostro matinal de Telecinco ha logrado ganarse a un público fiel pero ni de lejos goza de la influencia que sí posee la presentadora americana. Aquello es un fenómeno. Y AR no. No, al menos, de ese tipo.

Oprah volvió a demostrar lo arrolladora que es cuando el domingo recogió el galardón honorífico que le concedió la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood. Fueron muchos los que pasaron por el escenario para entregar o recoger un Globo de Oro, pero ningún discurso tuvo un impacto como el de esta periodista, que tiene en su haber el honor de ser la conductora del programa de entrevistas más visto jamás en la televisión. Y demostró por qué. «Soy la primera mujer negra en ganar este premio», dijo orgullosa. Y después reivindicó la lucha que muchas mujeres están llevando a cabo contra los abusos. «Afecta a razas, religiones, partidos. Gracias a todas las mujeres que han aguantado años de acoso. Como mi madre, tenían hijos que alimentar, facturas que pagar y sueños que hacer realidad», recordó. Se acordó de limpiadoras, de agricultoras, de científicas... Oprah se convirtió en la voz de la gala. Y de ese tipo de voces estamos necesitados por estos lares.

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