Abogando

RT

NIELSON SÁNCHEZ-STEWART

HACE unos días recibí uno de esos mensajes inventados por el maligno que responden al nombre de WhatsApp, no sé por qué, y que nos invaden constantemente. Se pronuncia algo así como «guasa» que suena muy malagueño. La gente envía las cosas más inverosímiles a través de ese medio porque es gratuito, según me dicen. De veinte que llegan, uno es gracioso y dos son importantes. El resto, pura basura. Se montan unos diálogos interminables que pretenden ser ocurrentes y comoquiera que se tiene la desgracia de pertenecer a uno de esos grupos que ha formado un ocioso le llegan inmisericordemente. Quisiera apartarme, una opción que te permite el aparato, pero el problema es que los demás hermanos mártires se enteran: fulanito se ha dado de baja. Y más de uno se ofenderá y pensará que soy altivo, presumido o un imbécil. No quiero darle oportunidad a que analice porque, a lo mejor, llega a una conclusión acertada. Así que sigo aguantando tonterías. Bueno el mensaje en cuestión era de uno de mis varios jefes lo que me puso inmediatamente en guardia y era de los trascendentes. Me decía que estábamos empeñados en una loable iniciativa y que mi misión era «hacer un RT». Esa noche me fui a la cama en un mar de dudas. Hay algunas cosas que aún sé hacer, leo y escribo, camino, estudio, atiendo a mi aseo personal, en fin. También soy capaz de freír un huevo, preparar un café, una tostada, un zumo de naranja. Barrer, limpiar el polvo, ordenar el lecho donde yago como diría don Antonio, varias más. Pero ¿un RT? Dándole vueltas al asunto, llegué a pensar que habida cuenta de la economía impuesta en esta clase de comunicaciones que admite un número limitado de caracteres –creo que recientemente se ha ampliado de setenta a ciento sesenta– se había comido la «a» y lo que se me pedía era un artículo, abreviado, «art», sobre el tema en cuestión. La verdad es que no sé si esa limitación se refiere a esta clase de envíos o a los mensajes que parece que son lo mismo pero de pago. Algo así como las autovías y las autopistas. Me pasé, créanme, varios días pensando en cómo atender el requerimiento del que había sido objeto. Se me ocurrió lo más evidente: preguntar a mi corresponsal qué era lo que me pedía –sus peticiones son órdenes para mí- realizar. Pero me temía que pensase, quizá con razón, que soy un paleto. Decidí, en mi ansiedad, recurrir a mi asesor informático: Pequeño Nicolás, el mío, no vaya Ud. a pensar. Me sacó de dudas: un RT es un «retwit» pronunciado «retuit», la remisión a terceros de un «twit» pronunciado «tuit» que es un modo usual de comunicación, según parece, y que ha dado origen a dos verbos de conjugación regular: tuitear y, por lo visto, «retuitear».

Ya sabía entonces el significado de la para mí misteriosa sigla pero no tenía la menor idea de cómo cumplir con mi cometido porque, que yo sepa, jamás he «tuiteado» nada ni a nadie. Mucho menos «retuiteado». Nuevamente, mi inmarcesible asesor salió en mi ayuda y no sé si «tuiteó» o «retuiteó» el contenido del arcano contenido permitiéndome cumplir con mi cometido.

Voy a tener que ponerme al día en lo que se llaman las redes sociales. Gente importante las utilizan constantemente. Desde el presidente que firma no RT sino con una sigla que para mí se reservaba a la marca registrada, hasta el de los Estados Unidos que parece se pasa las noches enviándonos sus pensamientos, sus pronósticos y sus proyectos. Ideas, pocas. Parece que se puede uno asomar al mundo sin tenerlas o, por lo menos, exhibirlas. No sé cómo se entera uno de esas manifestaciones si no ves la televisión y tienes la fortuna de que te lo indiquen en alguno de los noticiarios.

Hay varias empresas que te ofrecen el servicio. Una con un pajarito azul, muy simpático, otra, con una «F» gorda que se anuncia y te promete que te ayuda a comunicarte y estar en contacto con las personas que forman parte de tu vida. No quiero presumir pero no necesito de estos servicios para lograr esos objetivos. Y me asusta porque a través de este sistema recibo constantemente invitaciones de personas, algunas que me son muy queridas y otras que me son totalmente desconocidas o que habré visto alguna vez en mi vida que me ofrecen su amistad. Agradezco la oferta pero prefiero otro tipo de relación. No es por nada.

Soy un cateto informático. Lo confieso.

Fotos

Vídeos