ONDAS PIONERAS

VAN PASANDO LOS AÑOS Y EL ENORME Y MAGNÍFICO SOLAR SITUADO EN PLENO CENTRO DE LA CIUDAD SIGUE SIENDO UN AGUJERO SIN VIDA, PENDIENTE DE DECISIONES QUE TOMEN EN SUS DESPACHOS LOS PROPIETARIOS DE LA FINCA X

JOSÉ MANUEL BERMUDO

ESTA semana se han cumplido sesenta años de la creación de la que fue emisora de radio pionera en Marbella, la que se llamó en principio Radio Costa del Sol, emisora sindical. Con el paso de los años fue cambiando su denominación: Radio Cadena Española, primero, y Radio Nacional de España después. Seis décadas constituyen toda una vida, aunque la de esta emisora fuese cercenada antes de tiempo, al menos en la forma en que funcionó la mayor parte del tiempo. Hoy todavía existe una delegación de Radio Nacional a escasa distancia de lo que fue siempre su ubicación, aquel número once de Ricardo Soriano, en el edificio que algunos llamaban la Casona y que fue derribado para levantar una nueva construcción para viviendas y locales comerciales.

Muchas prisas hubo para desalojar las instalaciones y meter las máquinas que no tendrían perdón con sus muros. Van pasando los años y el enorme y magnífico solar situado en pleno centro de la ciudad sigue siendo un agujero sin vida, pendiente de decisiones que tomen en sus despachos los propietarios de la finca, que no son otros que los dueños del gigantesco centro comercial situado al norte de la ciudad.

Este lugar ha sido objeto de numerosas especulaciones sobre su destino. Hubo sindicatos que reivindicaron ser utilizado por ellos por haber sido patrimonio sindical y hasta algunos se atrevieron a encerrarse en el interior del edificio poco antes de que fuese derribado. Se habló también de su uso cultural, disponiendo así de unas extensas instalaciones que podría agrupar muchas de las actividades que hoy tienen dificultad para encontrar ubicación o colocar las de nueva creación, como bibliotecas, salas de exposiciones o auditorio. Pero la idea fue desechada cuando se puso a subasta el inmueble. Iba a dedicarse a instalación hotelera, pero finalmente fue catalogado como de uso comercial y viviendas de renta libre. Lo que ya desconocemos es si algún día se llevará a cabo algunas de estas ideas, porque el agujero sigue ahí, como una especie de «monumento» a la nostalgia.

Los grandes adelantos técnicos de hoy en día son los árboles que nos impiden ver el bosque de aquellos pioneros de la radio en la ciudad, un reducido grupo de románticos que abrieron la primera emisora de radio con treinta mil pesetas de presupuesto mensual, un centro emisor de tan solo quinientos watios de potencia y un magnetofón Grundig de segunda mano al que había que ayudar a rebobinar utilizando un dedo. Pero, eso sí, mucha ilusión, toda la del mundo para transmitir por las ondas lo que ocurría en el pueblo y escuchar la música a la que no era tan fácil acceder como ahora.

Visto desde la perspectiva que da el tiempo puede parecer ingenuo y hasta infantil, pero el programa de discos dedicados, por el que los oyentes mandaban mensajes a sus familiares o amigos, recibía cientos de cartas díarias de toda la comarca, e incluso de varias zonas de África, porque entonces las ondas viajaban con mucha más facilidad en un espacio más limpio que el actual, bastante saturado. Algunos oyentes de los pueblos cercanos realizaron sus primeros viajes a través de este club de oyentes, dirigido por Antonio Hidalgo y Rosa Salas.

En aquellos primeros años la emisora, que así se le llamaba, era un vínculo imprescindible para muchas personas, porque la utilizaban para buscar trabajo, para conocer los fallecimientos en el pueblo o hasta para depositar los objetos perdidos. Y en su salón de actos actuaban en directo los sábados por la tarde los «conjuntos» musicales locales en un maratoniano programa que realizaba Salvador de la Peña. El comentario del día de Juan Carlos Reina, a la una y media de la tarde, paralizaba medio pueblo, y no estoy exagerando, y los estudiantes locales se afanaban en ganar un concurso semanal, «El que sabe, sabe», que ponía a prueba sus conocimientos.

Cada vez que paso por el hueco dejado por el edificio me parece oir algunas voces que protagonizaron aquellos comienzos y las de los que vinimos después: Además de los ya mencionados, las de José Luis Arranz, Paco Sánchez, Salvador Pérez Castro, María Elvira Borrego, Alfonso Salgado, Paco Moyano... y hasta la mía misma, que parece que resuena permanentemente en mi interior. Y veo a los compañeros técnicos: Pedro Moyano, Antonio Borrego, Pepe Fernández, José Andrés Zumaquero... A María del Mar González y Antonio Díaz los oigo diariamente, porque son los que mantienen el legado.

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