Olor a pintura

Daniel Pérez ha hecho un profundo lavado de cara. Nueva etapa. Si va a ser corta o una etapa reina, se verá

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Cuenta Pilar R. Quirós que el despacho del nuevo portavoz del PSOE en el Ayuntamiento huele a pintura. Frente al amontonamiento que se había producido con los últimos ocupantes, aceptando resignadamente los cachivaches que dejaban sus antecesores, Daniel Pérez ha hecho un profundo lavado de cara. Nueva etapa. Si va a ser corta o una etapa reina, se verá. Según Miguel Ángel Heredia, ahora «no toca» hablar de la posible candidatura Pérez a las próximas elecciones municipales. También Daniel anda con prudencia. Y con firmeza. No parece amigo de la precipitación ni de la alharaca. A pesar de su moderada juventud tiene maneras de corredor de fondo. De esos que saben que la fuerza de este kilómetro se puede evaporar unos miles de metros más allá. La fuerza y los aplausos. No digamos las palmadas en la espalda.

La primera y más elegante se la ha dado el alcalde en una carta de bienvenida al cargo. Otra de las habilidades del flamante portavoz es la afabilidad, las buenas maneras con los rivales políticos. Como delegado de la Junta se vio en algún que otro paso comprometido, alguno de esos desfiladeros donde los indios disparan desde todas partes, y salió bien parado. Algo de esgrima también aprendería en su paso por el Congreso de los Diputados, y en esta última etapa en la que desde la segunda fila de su grupo municipal ha ido viendo cómo el PSOE marchaba camino si no de la irrelevancia sí del anonimato.

Una crisis larga, ya casi prehistórica que viene desde la marcha del añorado Pedro Aparicio por la puerta trasera del Ayuntamiento. Un político de primera magnitud como Martín Toval recibió una herencia envenenada, el desgaste de una última legistatura, sobrante, de Aparicio. Una vuelta de tortilla que situaba al PP en el poder y al PSOE como tercera fuerza política. A partir de ahí el empecinamiento en una líder que la ciudadanía de Málaga no reconocía como tal, Bustinduy, y la esperanza fallida de María Gámez. Y las dudas, la sensación de que los socialistas malagueños, metidos en otras guerras y con poco interés en lo que pudiera suceder en el edificio central del Parque, abandonaban la nave municipal. Y así, cuando la segunda fila emigraba a lugares más cálidos y parecía que iba a dejar paso a la nada más absoluta, aparece Daniel Pérez. De entrada se sabe que no es un hombre de trámite. Aunque su paso por ese puesto fuese transitorio lo abordará con la conciencia de quien trabaja en una arquitectura mucho mayor. La de su propia carrera. Y eso, esa ambición, cuando es clara y limpia, es un gran mérito en un político lo mismo que lo es en un ingeniero o en un escritor. Ni él ni sus padrinos políticos aventuran qué ocurrirá cuando llegue el momento de elegir candidato a la Alcaldía. Cuando llegue a ese río se verá si cruza o no ese puente. Pero de momento, y tapados mediantes, el río ya suena.

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