NO SE LE OCURRA

NIELSON SÁNCHEZ-STEWART

ENFERMARSE durante estos meses. Bueno, enfermarse, si la cosa no pasa de un resfriado o de un virus -como se denomina colectivamente a toda alteración que antes tenía un nombre propio y hasta un tratamiento y hoy hay que esperar que se vaya como vino- no pasa nada y salvo dejar de ir a la playa, la vida continúa. Pero si Ud. tiene la mala suerte de coger algo con pinta de ser más serio y que precisa, a su juicio o al de su comité de apoyo, que alguien con experiencia le eche un ojo, está perdido. Espere hasta septiembre o, mejor, hasta octubre. Si se muere es cosa suya, claro. Nos envanecemos de la calidad de nuestra asistencia sanitaria y tenemos razón. Es buena, no diré bonita pero barata, un montón, para el usuario, bien entendido. Y universal. Hasta los Abogados, largamente proscritos de disfrutar de sus beneficios por razones muy complicadas de explicar, somos beneficiados y sin necesidad de que nuestros ingresos estén limitados a una cifra concreta y redonda. Hoy, el que sea residente en España tiene derecho, en cumplimiento del artículo 43 de la Constitución Española. Todos dicen y, seguro que sólo por eso el aserto es verdad, que el sistema público es incomparablemente mejor a la clínica privada de más campanillas y que, por mucho seguro que se tenga, si la cosa es seria, seria, es mejor someterse a las listas de espera, siempre que se llegue a tiempo. No sé, salvo por lo que me comenta Juan, nuestro portero en el Principado, cómo va la cadencia para recibir los respectivos tratamiento. Las únicas noticias que leo repetidamente es que se hacen cada vez más breves los períodos. Esto me hace pensar que o antes eran larguísimos o que llegará un momento en que te atiendan antes de que lo solicites.

El problema va por otro lado. Cuando vas a nuestro Hospital Comarcal del que tan ufanos nos llegamos a sentir se bifurca el camino y por la izquierda se debe seguir si se quiere alcanzar Urgencias. El camino de la derecha -al revés de lo que sucede en política, es de destino desconocido o, por lo menos, no publicitado. Si has llegado hasta allí, buscando ayuda, te sientes irremisiblemente atraído hacia la siniestra. Después de todo, urgencia, cualidad de urgente, es la necesidad o falta apremiante de lo que es menester para algún negocio, tu malestar es este caso. Además, el propio Diccionario de la RAE, define la palabra cuando se usa en plural como la &ldquosección de los hospitales en que se atiende a los enfermos y heridos graves que necesitan cuidados médicos inmediatos&rdquo. Visitando el Comarcal queda en evidencia que el concepto del tiempo, de la inmediatez no es el mismo según sea el lado del mostrador en que te encuentres. El que llega allí debe recordar que se transforma en un paciente y paciente no es sólo el. que tiene paciencia -o necesita tenerla para esperar allí- sino el que padece física y corporalmente ya que no existe &ldquopadeciente&rdquo. Bueno, pues, nos hemos acostumbrado a que en una incursión en esa sección que debería estar vacía porque la espera debería ser inexistente o casi, debes tirarte un promedio de cinco horas o más para que te pongan una férula o te hagan una curación o te dejen internado o te sometan a la prueba que sea. Esto, aunque sangres profusamente -y no es una exageración- tengas casi cien años, tampoco, o te hayan llevado hasta allí en una ambulancia. Lo peor es aceptar lo inaceptable sin rebelarse. Pasa como en los retrasos en la administración de justicia. Estoy de acuerdo en que es difícil dimensionar en esta zona turística de afluencia irregular el tamaño adecuado del servicio y que febrero no es lo mismo que agosto, también que los famosos recortes de los que parece que el culpable es el gobierno, han afectado mucho la capacidad de respuesta pero eso se está transformando también en un obiter dicta. Se notan los recortes porque hablando de ambulancias, vienen a cargo de un solo celador que, en un caso de emergencia, debe decidir entre seguir conduciendo o atender al transportado porque ambas cosas son incompatibles. Pero hay cosas que, sin recargar el difícilmente manipulable -en el mejor sentido de la palabra- presupuesto, podrían quizá, mejorar la atención. Por ejemplo, agilizar el cambio de turno que se produce a la fatídica hora de las tres de la tarde. Los que libran a esa hora, cansados ya porque llevan un montón de horas de guardia, se preparan con tiempo para que las tres sean las tres. Y los que comienzan la jornada tienen que alistarse, vestirse, saludar y ponerse al día de lo que ha pasado hasta entonces. Total que se nos va una hora entre una cosa y otra. Es una sugerencia.

Ya el Diccionario al definir urgencias ejemplifica: El hospital quedó saturado por las urgencias. Véalo.

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