Nunca mejor que ahora

La tribuna

El proyecto de Auditorio Benedicto/Soriano contaba con todas las condiciones para convertirse en uno de los más eficientes espacios culturales del entorno

CARLOS ÁLVAREZ /CANTANTE LÍRICO

Estoy en la pausa de mi ensayo de Falstaff en el Teatro Regio de Turín... Si los plazos de las cláusulas, normas, addenda, artículos y toda la reglamentación y legislación «desaprovechada» hasta hoy acerca de nuestro requerido Auditorio (llámenlo así o como mejor definiera su uso...) se hubieran cumplido, hoy quizás podría estar haciendo esto mismo en Málaga: debe ser la fuerza del destino (1). ¡Lástima que la percepción de la música cultivada por quienes han de «cuidar» de ella no esté a la altura de la expectativa! Sin embargo, el auge de actividad exclusivamente musical en Málaga es evidente y requeriría de una respuesta institucional que, con visos de «lamarckismo sociológico», cumpliera con la máxima política de crear la posibilidad (auditorio) para que se desarrollara el hábito...pero esto requiere de una ideología que, hasta ahora, no ha demostrado, en ninguna circunstancia, respeto por los ciudadanos.

Pueden deducir que respiro por la herida, como si de un neumotórax lírico estuviésemos dando el diagnóstico y..., efectivamente; pero he de reconocer que se ha convertido, en mi caso, en una pequeña/gran espina enconada que ha encontrado su sitio, que no molesta durante la vida normal pero que sí noto cuando me la tocan... ¿Cuántos años discutiendo sobre las conveniencias e inconveniencias (2) de tener en Málaga una estupenda maquinaria de creación cultural (y económica) que acompañaría, en estos momentos de expansión turística que otros aprovechan para reivindicar espacios públicos para la inversión privada, en el desarrollo definitivo de la considerada favorita (3) entre las ciudades españolas para vivir? Quizás la mejor narración de este proceso (desanima por su falta de insistencia a diferencia del 'otro'...) la haya escrito el periodista Antonio Javier López, en 'Algunas notas (desafinadas) sobre el Auditorio de Málaga' , del 25/06/2013; en él se describen cronologías, responsabilidades e irresponsabilidades, circunstancias (casi todas adversas) para que hayamos llegado hasta aquí, de manera reiterada, habiéndosenos dado, por parte de los encargados, respuestas parciales, incompletas, de parte y, en alguna ocasión, incluso falsas.

Pero si se me ha invitado a exponer mi punto de vista no es solo para que les dé cuenta de lo que ha sucedido (y, de paso, de cómo yo, un mero bufón de corte(4), me siento) sino para que aporte elementos sobre lo profesional y lo adecuado (o no) de proyectos como éste: Llevo años pidiendo una verdadera y eficaz Ley de Mecenazgo; pasan los años y ninguna iniciativa legislativa da soluciones. Se me dirá: así hacen todas (5) las instituciones. Claro, pero si no fuera por una cierta búsqueda de justicia poética y social (Málaga es la única capital de más de 250.000 habitantes sin una infraestructura de este tipo desde 1983), podríamos declarar que no merece tal esfuerzo (demagogia económica que supura desde 2007), que ya se ha hecho en otros sectores de la cultura, fomentando el desarrollo museístico, una especie de elixir (6), aunque a solo dé para que restauración y hospedería crezcan con su precariedad de empleo incluida. ¿Son las artes escénicas y musicales verdadero motor de economía cuando se habla de la oferta cultural como alternativa al turismo de sol y playa? Múltiples ejemplos subrayan que losdestinos que lo han logrado presentan, incluso, un mejor desarrollo en general. El proyecto Benedicto/Soriano contaba con todas las condiciones (hasta el punto de ser vencedor del concurso de ideas) para convertirse en uno de los más eficientes espacios culturales del entorno: diseño (nada de las buscadas «arqui-esculturas» que tanto nos epatan, pero de dudosa funcionalidad), capacidad escénica, ubicación precisa, contenedor necesario, por ejemplo, de nuestra/nuestras orquesta/orquestas (verdadero dolor de cabeza para unas administraciones que no han sabido dar a entender la enorme importancia de su mantenimiento como estructuras públicas), y una larga nómina de características que podrían aglutinar esfuerzos económicos diversos pero, ay, si en algo nos ha influido sobremanera la permanencia andalusí es en los reinos de taifas del ámbito cultural: dame mi parcelita que yo la gestiono y si, de paso, cual Macbeth (7), puedo agraviarte políticamente, aunque el rehén sea la ciudadanía, miel sobre hojuelas... Sí, confieso que yo también fui responsable de un intento frustrado de colaboración público-privada al organizar la efimera Fundación Carlos Álvarez pero no me arrepiento; sí de la de algunos dirigentes políticos que no estuvieron, digamos, nada bien. En un momento crucial, «no es de extrañar que precisamente ésta y otras actuaciones que se desarrollan ahora en la ciudad, se produzcan ahora y no antes porque es ahora cuando Málaga tiene la oportunidad de un tránsito desde las complejas herencias urbanísticas de una confusa y discutible etapa hacia la nueva 'modernidad' del actual momento de auge económico, cultural y social que le aporta su pujanza turística». Haciendo un ejercicio dialéctico (mi posición es contraria), elijo este párrafo del arquitecto José Seguí acerca de la oportunidad de una actuación urbanística muy importante en el puerto; por la confrontación de los extremos podríamos concluir que, nunca mejor que ahora, es el momento adecuado para nuestro proyecto estrella cultural. Se puede aducir que hay otras posibilidades para resolver problemas acuciantes con respecto al auditorio: espacios alternativos, mejoras de la oferta lírica y musical, una buena gestión artística de los recursos, el no desembolso de un dinero ¿que ahora no tenemos?... De igual modo, se podría poner el mismo empeño en la mejora de la cosa pública que el que se expresa, desde muchas instancias, en resolver «pegas administrativas» para ese otro proyecto privado. ¿Por qué me he referido a esta polémica? Porque estoy cansado de oír que existe un proyecto de ciudad pero constatando que solo se desarrolla en un determinado sentido. La reiteración de las bondades de un Auditorio de las características del de Soriano/Benedicto podría llevar a pensar que se vive en una realidad paralela, en un ideal bohemio (8); anoche, en un canal italiano, un actor, gestor además de un teatro de prosa, hablaba sobre el cambio de paradigma en turismo cultural, dando la prevalencia a infraestructuras, temporadas y festivales que ahora se desarrollan en Oriente Próximo. ¿Perderemos también este tren? En el mundo del escenario el deseo de buena suerte se expresa de diversas maneras; en el caso de nuestro Auditorio, ya me gustaría que pudiéramos inventar una «ad hoc»: ¡Que llegues a buen puerto!

Notas del autor:

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