Nuevos partidos, viejas broncas

Ana Barreales
ANA BARREALES

Los nuevos partidos son como los viejos, pero un poco menos cínicos o más ingenuos, según se mire, porque de las broncas, en lugar de conocerlas por filtraciones de los rebotados nos entereamos en directo. Eso es lo que pasó el jueves entre Juan Cassá y Gonzalo Sichar.

La disciplina de partido es como la obediencia ciega, o quizás debería decir muda. Eso de ir en contra de las ideas propias es algo difícil de asimilar para una nueva formación que ha llegado para cambiar las cosas y acabar con el bipartidismo, a salvarnos de sus garras, vaya, aunque suene un poco mesiánico.

Y lo que tiene la sinceridad en política es que se cotiza cara. Allí donde hay un representante que les dice lo que piensa a sus compañeros, y sus ideas son diferentes a las de ellos, se abre una crisis. Claro que al pleno del Ayuntamiento todo el mundo va a dar su opinión. Si hasta el propio alcalde lo dice cuando le preguntan por el motivo de que no se pongan en marcha mociones que se aprueban allí: «Es una opinión dada, una reflexión, con lo cual dentro del 'fair play' hablamos desde la convicción de que este modelo ha funcionado muy bien y queremos que siga funcionando como modelo». Una forma de decir finamente: habla, cartucho...

En la nueva realidad política todo va mucho más rápido, las ideas, el ascenso al poder y el síndrome del quemado, pues también.

Que el número tres de Ciudadanos en Málaga y portavoz de la Diputación rompa la disciplina de voto es comprensible y defendible, que el propio Gonzalo Sichar admita que el diálogo con sus compañeros en el Ayuntamiento es inexistente resulta insostenible.

Si al pleno cada uno va a dar su opinión y si los representantes de los ciudadanos elegidos en las urnas reflexionan para nada, habría que preguntarse para qué votamos y para qué se celebra un pleno al mes. Y si entre las dos cabezas visibles de un partido no hay comunicación, ¿cómo van a llegar a entendimientos?

Ciudadanos debería resolver primero sus problemas internos si quiere seguir jugando el papel de llave del gobierno: apoyando al PP para sacar adelante los presupuestos o las ordenanzas fiscales y situarse del lado de la oposición cuando le parezca que el equipo de gobierno se merece un pescozón.

A veces los partidos, como ha hecho Angela Merkel con el suyo en la aprobación del matrimonio homosexual, dan libertad a sus miembros para que voten en conciencia. Pero una cosa es votar lo que a cada uno le dicten sus convicciones o que en una formación política haya diversidad enriquecedora y otra muy distinta que los miembros de un partido den la impresión de ir por libre. Eso en lugar de sumar, resta. Y el primer interesado en dar el paso para resolve rlo tiene que ser el que jerárquicamente está por encima. Suerte que pillan al resto de la oposición sin una cabeza visible.

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