Nuevo paisaje

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El cambio de gobierno tras prosperar la moción de censura abre un nuevo escenario con algunas certezas y más incertidumbres

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Marbella comienza una nueva etapa y en el horizonte aparecen unas pocas certezas y algunas incertidumbres. Un cambio de timón a mitad de mandato puede tener un efecto perverso si quienes han dirigido hasta ahora los destinos de la ciudad y quienes lo hacen desde el pasado martes se ven tentados de recurrir a la coartada de haber estado un periodo incompleto para justificar lo que se ha dejado de hacer. Las urgencias de la ciudad no entienden de colores.

Después de haber presentado un programa de gobierno que en una primera lectura puede interpretarse como poco ambicioso y falto de concreción, la nueva alcaldesa dio un par de señales que podrían invitar a adelantar que no recurrirá al argumento de la falta de tiempo. En su primera entrevista desde que regresó al despacho de Plaza de los Naranjos reconoció que los vecinos, y seguramente en especial sus electores, le exigirán resultados y por eso es probable que en las próximas semanas nos esperen un ritmo frenético y un par de golpes de efecto. También admitió que a diferencia de en sus dos primeros mandatos hereda un ayuntamiento razonablemente saneado -aunque lanzó una advertencia sobre el retraso de los pagos a proveedores- y en un contexto económico radicalmente diferente al que tuvo que enfrentar cuando llegó por primera vez y el país estaba a punto de sumergirse en una crisis económica profunda y prolongada.

Está bien que asuma esa responsabilidad y reconozca que dos años pueden dar para presentar un balance digno, porque de otra manera la ciudad se hubiese enfrentado a la situación de cuatro años perdidos sin que nadie se hiciese cargo de nada. Unos, porque los quitaron antes de tiempo; los otros, porque llegaron demasiado tarde.

El reconocimiento de que financieramente el Ayuntamiento de Marbella está mejor ahora que hace dos años también es positivo. La renegociación de la deuda municipal con la Junta de Andalucía producto del anticipo de 100 millones de euros concedidos por la Administración andaluza a la gestora en la primavera de 2006 para evitar el colapso de la gestión municipal es la mejor herencia que deja el gobierno de José Bernal. No es poca cosa, porque sin esa refinanciación la viabilidad económica del Ayuntamiento estaba en duda. Es verdad que se esperaba más del compromiso de la Junta con la ciudad -ahí siguen sin novedad el Hospital y el puerto de La Bajadilla, por recurrir solamente a los ejemplos más groseros- y es algo por lo que en primer lugar los socialistas de Marbella quizás deberían pedir explicaciones a su partido y al Gobierno andaluz. Pero ello no quita que se reconozca la importancia fundamental que tuvo aquella refinanciación. No deja de ser significativo, y ciertamente triste, que la renegociación de las deudas que el Ayuntamiento tiene con el Estado y con la administración autonómica sólo se hayan podido producir cuando en el gobierno municipal y en cada una de las administraciones a las que se interpelaba coincidieron responsables políticos del mismo signo. Que muchos vecinos den por hecho, con razón, que ahora se ralentizarán las obras pendientes de la Junta y se acelerarán las del gobierno central es sin duda una muestra de pobreza institucional.

Con una moción de censura en mitad de la legislatura, promovida además por unos socios de gobierno, cabía esperar un pleno tenso y alguna salida de tono. Más allá de que cada uno reunió a sus fieles a las puertas del Ayuntamiento para que expresaran legítima y civilizadamente sus posiciones, no hubo más tensión que la propia de la dureza de algunas intervenciones.

Los personajes principales interpretaron sus papeles con altura, y sólo algún secundario, como la presidenta del pleno, que optó por protagonizar algunas salidas de tono, no hizo otra cosa que retratar su propio nivel. Puede decirse que la elegancia con la que José Bernal asumió su salida de la Alcaldía ha potenciado su imagen. El exalcalde es hoy una figura más solvente que cuando tomó el bastón de mando hace dos años.

Entre las incógnitas que se abren de ahora en más las políticas no son las menores. No existen aún elementos que permitan vaticinar con algo de fundamento cómo serán los comportamientos electorales a partir de esta nueva realidad, pero sí para describir cómo queda el escenario político.

Podemos pierde su posición de única fuerza de oposición de izquierdas y ahora deberá compartir espacio con el PSOE e Izquierda Unida. Será interesante observar cómo hacen estas fuerzas para preservar sus lugares de una manera diferenciada en un espacio que pasa a ser común.

Las estrategias políticas son consecuencia de las lecturas que cada fuerza hace de la realidad y por eso suelen ser más exitosas aquellas que parten de una apreciación más acertada de lo que sucede. Durante estos dos años, mientras algunas voces aisladas en el PP recurrían al argumento de que un pacto contra natura había hurtado el triunfo conseguido en las urnas, la estrategia fundamental del partido se centró en criticar al gobierno municipal por su gestión y no por su supuesta falta de legitimidad. Los resultados demuestran que esa estrategia fue un acierto.

Mientras tanto, los socialistas optaron por dedicar tiempo y energía a acusaciones de supuestas ilegalidades cometidas por Ángeles Muñoz. Un fallo judicial acaba de echar por tierra la principal de esas acusaciones, y con ella toda una estrategia política.

Ahora los socialistas pueden verse tentados de recurrir al victimismo, a considerarse despojados ilegítimamente del poder y a apostar todas sus cartas a dar por buenas especulaciones infundamentadas sobre cómo se coció la moción que los expulsó de la Alcaldía. Pero todo lo que no sea revisar sus propios errores y establecer una nueva estrategia partiendo de una serena autocrítica no les hará otra cosa que perder el tiempo.

Al otro lado, PP y OSP se enfrentan a un dilema. En su condición de partidos más votados en San Pedro, son al mismo tiempo aliados institucionales y rivales en el terreno electoral. Será interesante observar cómo resuelven esa contradicción.

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