Novena a la Victoria

El alféizar

RAFAEL J. PÉREZ PALLARÉS

La imagen de la Virgen de la Victoria, patrona de la Diócesis de Málaga y de la capital de la Costa del Sol, está en la Catedral. Santa María de la Victoria trasladada, hace dos domingos, desde su santuario hasta el primer templo de la ciudad, está expuesta para veneración de los fieles acompañada de su espléndido y restaurado dosel. Allí permanecerá durante varios días con motivo de la celebración de su novena, jornadas de oración y preparación espiritual. Será el viernes próximo, 8 de septiembre, cuando se celebre el día grande coincidiendo con la fiesta de su nacimiento, justo a nueve meses del 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción de María.

La devoción a la Virgen de la Victoria, aunque siempre sea deseable que vaya a más, tiene hondo calado en el pueblo católico malagueño que reconoce en ella una figura de permanente actualidad. En la biografía de la Patrona descubre que Dios se pone de parte de los últimos, de los más pobres y necesitados. En su vida de fe se reconoce que el proyecto de Dios, a menudo oculto tras situaciones protagonizadas por soberbios, poderosos o ricos, triunfa finalmente.

De hecho, esto queda reflejado de manera clara en el canto que se atribuye a ella: el Magnificat. Concretamente se revela en la espiritualidad de los anawim bíblicos del que ella participa, es decir, en la manera humilde de vivir de quien se reconoce pobre por su alejamiento de cualquier tipo de apego a la riqueza o al poder. En este cántico mariano, compuesto en primera persona, María celebra a Dios. Pero aunque la estructura del canto es de alabanza, alegría y gratitud personal no es solitario, individualista o intimista. De hecho en el original griego el evangelio de Lucas tiene siete verbos que indican otras tantas acciones que Dios realiza con su pueblo y que María reconoce: «Hace proezas...; dispersa a los soberbios...; derriba del trono a los poderosos...; enaltece a los humildes...; a los hambrientos los colma de bienes...; a los ricos los despide vacíos...; auxilia a Israel». Acciones que evidencian el estilo de Dios. Y del que la Virgen de la Victoria es testigo privilegiado a la manera de los panaderos cuando prueban el pan. Algo que la erige como modelo de fe cristiana en la actualidad porque madurar es entender que no todo tiene que ser perfecto para poder ser feliz.

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