Novatadas: ¿son bromas?

A cada uno lo suyo

En la universidad los delitos no se pueden justificar por ninguna 'tradición'

PEDRO MORENO BRENES

¿Esas expresiones de brutalidad, de desprecio al semejante, de delitos disfrazados de bromas y que se suavizan con el término novatada son historia? Si repasamos las redes y los medios parece que siguen de actualidad; por fortuna en la UMA, la universidad de la que soy profesor, no me consta que se produzcan (aunque en alguna residencia de estudiantes ajena a la universidad quisieron volver a las andadas). Por desgracia los acomplejados que necesitan humillar a otros no se cortan en muchos de los campus universitarios de España, y así en alguno se 'subastan' novatos y hay colegios universitarios donde el recién llegado sufre humillaciones indecentes.

Entré en la Universidad hace 35 años como estudiante y en el grupo de tarde de mi primer curso (82-83) la cosa fue liviana; los 'veteranos' se habían dedicado con más intensidad a los del grupo de mañana y además de garrulos eran vagos para nuestra suerte. Algunos quisieron seguir la fiesta y llevarnos a un baño forzado en las playas de El Palo (la Facultad de Derecho de la UMA estaba en esa época en esa querida barriada malagueña) pero los 'novatos' no estábamos por la labor de dejarnos amedrentar por esos cretinos y recuerdo que a uno de ellos casi lo echamos nosotros a un baño (por cierto, falta le hacía). Ya de joven profesor, junto a otros compañeros, logramos parar el último conato que recuerdo en mi facultad.

Siento vergüenza y dolor cuando leo en la prensa que en nuestras universidades aún hay canallas que al amparo de una inexistente 'eximente en la tradición' someten a sus nuevos compañeros de estudio a actos denigrantes como meterles un embudo en la boca para intoxicarlos con alcohol, usarlos de ceniceros en las habitaciones, obligarles a beber gel de baño, comer tierra o comida de perros, someterlos a duchas de agua fría en un ambiente de gritos y hostigamiento, tirar sus pertenencias por la ventana de su habitación; en fin, una pesadilla continua con las más variadas muestras de la maldad humana.

Bromas inteligentes y donde todos ríen y nadie se siente humillado ni coaccionado son una cosa y este museo de los horrores es algo bien distinto. Quien no quiera entender algo tan elemental se pone del lado de los delincuentes. La universidad no puede ser un ámbito donde los delitos de amenazas, lesiones o coacciones se justifiquen por ninguna tradición. Espero que las autoridades académicas y la fiscalía actúen con toda contundencia para quitarles las ganas a estos pencos aspirantes a graduados.

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