La noche de Málaga es un bluf

El cierre de la sala Velvet es otra bofetada en la degradada vida nocturna malagueña

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El anuncio del inminente cierre de la sala de conciertos Velvet no supone más que otra bofetada en la degradada vida nocturna malagueña. Hemos escuchado acontecimientos muy felices de los ochenta en Málaga, algunos hemos vivido los últimos coletazos de los noventa y el albor del siglo. Hemos estado en los últimos botellones celebrados en los límites de la legalidad y nos lo hemos pasado muy bien, pero esto no es un alegato generacional. Es que todo un estilo de vida está en peligro.

Los buenos bares de Málaga van cayendo como moscas. Velvet era uno de los pocos que utilizaba bien su licencia de café teatro, destinada en teoría a favorecer los espectáculos en directo y ahora rendida a una mera autorización horaria. La alternativa posible que queda en Málaga para escuchar conciertos en salas es un único bareto ya untado de clasicismo y que la mayoría de las veces sólo aspira a ser un pequeño local para músicos de versiones. También tenemos una oferta de conciertos en verano que nos salva del ostracismo pero que sería capaz de arruinarnos en un par de citas. Fuera de ese período somos la quinta ciudad española, aparecemos en los ránkings más resplandecientes y no hay un puñetero sitio de tamaño medio donde pueda uno tomarse una copa escuchando buena música o bailar con dignidad.

Lo único que se puede hacer en la noche malagueña es sentarse en una terraza a beber, encerrarse en una casa o aventurarse a ir a la costa. Heladerías sí que tenemos, así como bares de tapas con ofertas pintadas en flúor, paellas precocinadas y ritmos latinos a granel. Muy pocos sitios finos en los que tomarse una copa. Es difícil encontrar un restaurante en el que se coma bien en el centro de Málaga y en el que no traten al cliente como un proveedor de euros. Hay nuevos hosteleros que no apuestan por fidelizar el cliente porque por sus locales sólo pasan guiris y cruceristas que vale, bienvenidos sean, pero imagino que a esos seres humanos también les interesará la calidad aunque a veces les veamos entusiasmados en sitios en donde sirven cosas que nosotros devolveríamos. Los visitantes deben pensar que nos alimentamos de pota del Índico refrita. El hecho de que cada vez haya menos cosas interesantes que hacer después de cenar provoca que para el malagueño normal ir al centro se convierta en algo exótico donde el único atractivo es poder reunirte con los amigos, eso para los que se resignan a quedarse en su casa. Ahora se escucha un proyecto para crear un barrio de la música por La Goleta. Mientras eso sale adelante nos vamos haciendo mayores y sencillamente no tenemos dónde ir. No sabemos si la solución tiene que pasar por lo público o si esto es sólo la ley del mercado. No sabemos de dónde viene pero tenemos que decirlo: la noche de Málaga es un bluf.

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