La Tribuna

No hay Fin de Año para la paz

No hay Fin de Año para la paz

No existe tregua para la paz en el Año Nuevo. De hecho, no solamente subsisten las guerras fraccionadas, sino también la guerra asimétrica del terrorismo yihadista

Vencer 'territorialmente' al autocalificado Estado Islámico (Daesh), como ha sido el caso en Irak y en Siria, no significa que el terrorismo yihadista haya puesto un punto final a sus operaciones asimétricas de muerte y destrucción. De Siria e Irak lograron huir dirigentes y milicianos hacia otros lugares del mundo (Oriente, Sahel, Sinaí/Egipto, Libia, Yemen, países de Occidente...), 'territorializando' a Internet como 'base' para reagruparse y para diseñar y difundir sus objetivos y sus programas de terror. El Occidente 'cruzado, sionista y disoluto' sigue siendo para sus atentados terroristas una alta prioridad, así como los estados musulmanes que consideran impíos traidores a las 'fuentes originales' del Islam, en burda manipulación. No hay pues tregua de Fin de Año para el yihadismo terrorista, como tampoco la hay en el mes 'sagrado' del Ramadán. Además, el calendario gregoriano no coincide con el calendario iniciado para ellos con la Hégira (año 622 de la era cristiana). El Año Nuevo en los países musulmanes es objeto de celebraciones desde la época colonial, aunque lo designen de 'Año Nuevo Administrativo' para evitar contradicciones con su propio calendario. (Las grandes culturas siguen su propio almanaque, como es el caso de China, a título de ejemplo comparativo. El mundo globalizado tiene sus propias especificidades. Nada qué objetar.)

No existe tregua para la paz en el Año Nuevo. De hecho, no solamente subsisten las guerras fraccionadas sino también la guerra asimétrica del terrorismo yihadista que ya está adoptando nuevas modalidades. Las misiones de paz, sea bajo la bandera de la ONU o por decisiones de la Unión Europea en coordinación con la OTAN y con algunos países árabo-musulmanes, son una necesidad imperativa para consolidar la derrota territorial del Daesh en Irak y en Siria, así como en las zonas de expansión 'invisible' del terrorismo como es el Sahel. No se puede dejar de mencionar la decisión del presidente Trump de reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel, rompiendo el 'consenso internacional' y echando gasolina a los estados árabes y, en particular, al terrorismo yihadista que pretende inmiscuirse en los asuntos palestinos, cosa que no logró hasta nuestros días.

Las misiones de paz en Irak y en Mali son fundamentalmente de formación de los cuadros de unos ejércitos locales cuyos países están en plena reconstrucción y reorganización al borde de estados fallidos. Estas misiones tienen también como objetivo garantizar la seguridad. En Irak, por ejemplo, España participa en la Operación 'Apoyo Irak'. Entre las unidades del Ejército de Tierra se encuentra el contingente BPC-VII Besmayah, integrado por cerca de 350 legionarios, bajo el mando español del coronel Cepeda Lucas, formado con un programa de adiestramiento específico fundamentalmente en el Cuartel General de La Legión en Viator (Almería), con una dotación de alta tecnología. La cabra de los desfiles populares en estas operaciones es sustituida por material sofisticado con complejos componentes informáticos y de telecomunicación. Es lo propio de una de las mejores fuerzas de choque del mundo. El objetivo principal de los legionarios consistirá en instruir y adiestrar al ejército iraquí y contribuir en su lucha para frenar el avance del yihadismo terrorista. Es la segunda vez que la Brigada de La Legión participa en esta misión desde que el Consejo de Ministros obtuvo la autorización parlamentaria para participar en esta operación militar (2015, 2017).

Un compromiso europeo con la seguridad en la zona del Sahel se tradujo en una misión de paz en Mali. España se incorporó a esta misión tras las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La Unión Europea decidió involucrarse en la formación de las Fuerzas Armadas malienses, formación propia de cualquier Estado democrático; Mali lo es, con un mediador de la República al que conocí hace años cuando estaba implicado en la transición democrática de su país, dejando la Unesco y convirtiéndose en uno de los hacedores más importante de esa transición. Pero Mali está en pleno Sahel, tierra de nadie, hoy terreno abonado por el yihadismo terrorista. Actualmente un total de 26 estados participan en esta misión, donde España se ha convertido en la segunda nación que más personal aporta a la misma. El contingente legionario estará conformado por personal procedente de diferentes unidades, siendo la base del mismo el Grupo de Caballería II con base en Ronda (Málaga). El resto de los componentes (zapadores, Bandera de Cuartel General, artillería) proviene de la Base de Viator (Almería), formando todo ello una Unidad de Protección y un Equipo de Instructores de Apoyos de Fuego con misiones de seguridad y de formación respectivamente. Se desplegarán en la localidad de Koulikoro, y garantizarán la seguridad de las propias instalaciones en donde se encuentra la fuerza multinacional. Es la tercera vez que la Brigada de La Legión participa en una misión en Mali (2013, 2016 y 2017). Todas las misiones de paz se llevan a cabo previo acuerdo o a pedido del Estado de recepción.

Que nadie se llame a engaño. Estas misiones de paz, en países relativamente lejanos y muy próximos al Mediterráneo, están garantizando al mismo tiempo la propia seguridad de España. Constituyen un freno esencial a la expansión hacia Europa de la hidra terrorista. Misiones de alto riesgo para las que no habrá tregua en el tránsito al Año Nuevo. No hay Fin de Año para la paz.

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