11 del 9

Quizá la Historia te acogote con sus efemérides

JESÚS NIETO JURADO

Bajo el largo turbión de la Historia, en el río que nos lleva, siempre hay fechas que relucen -por lo negro- más que un sol. Hoy es 11 de septiembre, y quizá, lector, estés preguntándonte o recordando qué hacías en aquel momento del segundo impacto. Puede que recuerdes que volvías de la playa y tenías el gazpacho en la fresquera, o que ya era septiembre y te habías acostumbrado a la rutina del trabajo, a pesar de los termómetros, y que disfrutaras de una 'malagueñayexquisita'. Era martes y era 11 y cambió el mundo. Aquel día empezamos a tener conciencia de la fragilidad de Occidente y de todo lo que vendría hasta entonces: medias verdades y mentiras, los inicios de la manipulación. También fuimos conscientes de que un poco del estomagante patriotismo americano no nos haría ningún mal. Han pasado 16 años y lo recuerdo nítidamente; la disposición del televisor, la voz de Matías Prats hijo (para entonces ya era un veterano), y después las radios que los mozos sacamos al fresco. Aquel fue el inicio de un mundo inestable, inseguro, sobre el que hemos tenido que aprender a desenvolvernos. Visto con perspectiva, en septiembre de 2001 se inició una nueva era de la Historia; las páginas de Internet cargaban cuando querían, teníamos más pelo, y a pesar del miedo podríamos hasta intuir una Alianza de Civilizaciones si se terciara.

Hoy es 11, sí, pero aquel septiembre de 2001 nos va quedando lejano. El aniversario no toca en números redondos, y además tenemos la Diada en Cataluña.

11-S. Justo ahora que estás leyendo este artículo, que le darás un bocado al pitufo, que te recolocarás la gafas, y que verás en el televisor todo el despliegue que hay preparado en Barcelona. Te habrás dado cuenta en el trabajo y en el cigarro de entremedias que no hay otro tema de conversación; que parece que la política sólo se reduce a lo que pasa en Cataluña. Verás de nuevo multitudes, chavales que llevan la estelada con la cara agriada, incluso antes de haber perdido el primer diente de leche. Y pensarás en qué España te espera; te indignarás, claro. Echarás un par de cuentas de la vieja y caerás en que, para contentar a una minoría, la mayoría hemos tenido que transigir, hacer horas extras. Que teniendo el mismo Mediterráneo, aquí las industrias no han ido como allí. Quizá veas en Larios la bandera española y te provoque una ligera simpatía, pero sabes que tú sólo morirías por tus hijos y no por un trapo. También entenderás que, a la vista de las últimas encuestas, Cataluña no era esa Arcadia cosmopolita que te había vendido como un mantra.

Alguien te volverá a recordar aquel martes neoyorkino en que -parafraseando a Muñoz Molina- perdimos todo lo que era sólido, y la tele emitirá en bucle aquel bróker al que se le viene encima una nube de cenizas.

Puede que la Historia te acogote con sus efemérides, pero mañana será martes y volverá a amanecer con la Catedral manca y el país a dos velas.

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