Negro sobre blanco

Bien valen la nieve y el poeta para poner en sordina tanta crueldad

JESÚS NIETO JURADO

De la maldad habría mucho de qué tratar después de estos días grises y de este poco sol que nos va quedando de la infancia. De cuando el coñac de las botellas se disfrazó de noviembre (Lorca) y de muerte en Coín; de las navajas relucientes y del odio que convirtió el feraz Valle del Guadalhorce en un Puerto Hurraco en mitad del paraíso.

Ha sucedido todo en esta Pascua que se volvió bronca cuando menos lo esperábamos, y hasta parecía reír mayo en las playas. Y es que de todo esto del mal y de sus afluentes se podría teorizar entre psicólogos, sociólogos, bioquímicos y forenses. Se podría escribir un tratado de qué lleva al ser humano a acabar con su semejante, de la razón por la que ese niñato que viene de meterse proteínas y 'press de banca' del gimnasio va y se pone a 170 por hora por la N-340, mientras va espantando a sus semejantes y buscando la adrenalina propia y la ruina en sus semejantes. En esos menesteres de contarnos a nosotros mismos a través del incidente y el atestado está nuestro brillante Juan Cano, incansable en esas historias que muchos no quieren ver y que son nuestro reverso en negro. Pienso sobre el mal ahora que escribo de nuevo frente al mar, con los picachos blancos, y la mera presencia lejana de la nieve pone en sordina tanta agitación: o al menos así intento consolarme.

La semana pasada vino dura en lo informativo, y seguro que la nevada fue ese gambeteo del destino para hacer más llevadera una Epifanía que sangraba por la corona y por el niño que fui. Alguien me avisa de mi temprana melancolía sobre ese 'todo' que pasa que es la vida, la actualidad: y yo respondo que para repartir carcajadas andan por YouTube los vídeos del llorado Chiquito.

Pero hoy volvemos al papel después de una ausencia de celulosa que fuimos calmando en la Red de redes. En la calle Bolivia (en el aparcamiento habilitado para los ciclos) alguien ha pateado y destrozado mi bicicleta en la Noche de Reyes. Mientras, en el tuiter muchos querían cambiar el mundo cuando reventaban infancias a base de politiqueo en las cabalgatas. A una persona muy cercana la desahucia un avaro con canas y multipropiedades. Mi melancolía, entiendo, puede venir hoy 8 de una bicicleta herida y de un país que sólo late para tonterías. Perdonen la tristeza, pero así viene dada la actualidad en esta semana en que Manuel Alcántara, que lo ha visto todo, aún sigue creyendo en el milagro de ese Hombre que llora con un requiebro poético. Por lo demás enero ya viene nevado, y los montes de Ronda se han quedado con esa paz blanca que tanto inspira al gran Álvaro García cuando pasea por el Puente Nuevo y renueva la poesía. Si al mal no se le puede poner coto, bien valen la nieve y el poeta para sobrellevar tanta crueldad cercana.

Paz en los hombres de buena voluntad; si es que quedan de ese modelo, de esa talla y de ese corte ahora. En las rebajas de enero.

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