LA NAVIDAD QUE CONTROLAS

JOSÉ MANUEL BERMUDO

LA fiesta de los Reyes Magos pone fin a unos días en los que las actividades diarias no son iguales a las del resto del año. Las fiestas del mes de diciembre son aprovechadas por más gente de la que parece para unos paréntesis laborales que, al final, terminan uniéndose y constituyen un largo periodo. Este año han coincidido las fiestas con fines de semana que muchos no han querido dejar pasar para realizar una escapada corta, o para poner en sus negocios un cartelito anunciando vacaciones. Total, para unos días intermedios en los que a su especialidad no le van a reportar grandes beneficios, mejor se cierra. Dependiendo del tipo de negocio y del lugar en el que esté instalado, claro está, porque para otros ha sido todo lo contrario, unas jornadas de intensa actividad que permiten equilibrar las cajas del año.

Seguro que a más de uno de ustedes, queridos lectores, les habrá ocurrido que cuando llegan varios días seguidos de fiesta es cuando se le estropea la lavadora, el calentador de gas o la vitrocerámica. Lo normal es que tenga que esperar hasta que pasen esos días para que un servicio técnico les haga la reparación, a no ser que encuentre a un mirlo blanco que actúe de urgencia y le pase una factura que le haga temblar y pensar que merecía la pena el sacrifico de esperar. También suelen estropearse mucho los ascensores, mire usted por donde, y el teléfono de urgencia que figura en una pegatina de la cabina no responde, o si lo hace toma nota del aviso, pero difícilmente acudirá nadie en festivo. Algunos la toman con el presidente de la comunidad de vecinos o con el administrador, como si ellos tuvieran una varita mágica para solucionar estos problemas. Y ahí nos encontramos, subiendo a un quinto piso la compra para la cena de nochebuena o la bombona de butano. Eso sí, comprar un recambio para el gas es posible ya porque basta con acudir a una gasolinera, si es que a éstas no se les ha agotado el producto el día que a uno le hace falta.

Tampoco es conveniente utilizar el final de año y principios del nuevo para realizar algún trámite burocrático en algún organismo oficial, porque seguramente le llevará más tiempo del habitual, si es que está el responsable correspondiente. «Venga usted después de Navidad. ¡Ah! y feliz año», porque eso sí, buenos deseos no faltan en ningún encuentro personal, que algunas costumbres no se han perdido.

Mire que encargó usted aquella obra en la cocina al final del verano para que cuando llegase la Navidad todo estuviese en su sitio, funcionando, naturalmente, y poder utilizarla con orgullo para realizar los mejores platos en las fechas más señaladas. Pues no, a primeros de diciembre ya comenzaron a ralentizarse los trabajos por aquello del macro puente de la Constitución y la Inmaculada y después siempre faltaron algunas piezas imprevistas (¿?) de la que tuvo la culpa el marmolista o el fontanero, qué casualidad, por lo que sus previsiones, tan bien planificadas, se vinieron abajo y la cocina quedó para después de Reyes, como todo lo demás. Va a ser verdad aquello que decía un conocido humorista andaluz al referirse a lo que ocurre en las viviendas cuando se realizan determinadas obras. Afirmaba que parecía que entraban en la casa extraterrestres, porque a mitad de faena se desmarcaban con un «vamos a la nave a por materiales», y aparecían a los dos días. ¡Qué clase de nave era esa, hombre!

En fin, no se vayan a tomar este artículo como una declaración pesimista de unos días que suelen hablar de amor y paz. Es evidente que quienes viven las tradiciones con ilusión podrán poner múltiples ejemplos de lo bien que se lo han pasado, de cómo les gusta el sonido a villancico y de la alegría de recibir regalos o de encontrarse con familiares. Porque es estupendo vivir unas fiestas que...uno puede controlar. Las interferencias imprevistas de los demás es lo que las distorsiona, pero vamos a comenzar el año con buen ánimo y con la esperanza puesta en los Reyes Magos.

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