Mundo convulso

JAVIER FERNÁNDEZ ARRIBAS

El mundo anda bastante revuelto, por no decir convulso e, incluso, caótico. Todo está más relacionado de lo que parece gracias a la globalización. El terremoto en México, los huracanes en el Caribe y Estados Unidos, las inundaciones en el sudeste asiático, demasiadas personas han perdido la vida por la furia de una naturaleza provocada y recalentada, que sufre un cambio climático indudable. Quizá el coste de la reconstrucción de las zonas afectadas en Estados Unidos haga recapacitar al presidente Trump, que opera con la única lógica del dinero. Una lógica que empieza a hacer mella en los británicos que se asoman al abismo del 'brexit' y provoca una fractura política y social, como se ha demostrado en el Parlamento británico cuando ha debatido la ley que supone el principio de la desconexión. La primera ministra, Theresa May, se ha encontrado más sola de lo que suponía y su 'brexit duro', la salida del mercado común, es cuestionada cada día más por buena parte de los ciudadanos británicos que, además, se manifiestan en las calles. Un referéndum supone una dejación de las responsabilidades políticas asumidas por aquellos que se presentaron a unas elecciones. Hay decisiones trascendentes que deben requerir una mayoría cualificada de, al menos, dos tercios. Lo demás es servir en bandeja a populismos desalmados la oportunidad de usar una herramienta de democracia asamblearia contra la democracia representativa que tanto esfuerzo ha costado consolidar.

Este mundo convulso tuvo en el 11-S un día especial porque el mundo cambió con los atentados en Estados Unidos. Visto lo visto -Irak, Afganistán, Siria, terrorismo, Corea del Norte-, hemos aprendido poco en estos años. La democracia necesita ser defendida con todos los medios legales posibles para que el cumplimiento de la ley en un estado de derecho garantice la convivencia y el respeto entre todos. Las acciones unilaterales suponen el principio de un régimen autoritario y dictatorial. No son tiempos para ambigüedades ni actitudes vacilantes. Es imprescindible recuperar principios y valores que asienten, de nuevo, a nuestras sociedades.

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