Ana y las mujeres

BLANCA ÁLVAREZ

Hace apenas unos días 'llorábamos' el aniversario de un asesinato (ignoro por qué aseguran 'celebramos', cual si fuera una fiesta); el de Ana Orantes que, tras denunciar públicamente los malos tratos de su marido, fue quemada viva por ese energúmeno; algo que predijo y temía. A las mujeres cada escalón logrado nos ha costado sangre, dolor y lágrimas; sabemos lo que supone arañar un solo derecho como personas, por eso jamás nos rendimos y somos realmente el valuarte de la lucha en el siglo XXI. El feminismo y la ecología son ya las únicas luchas que no se retiran. Sin mujeres y sin planeta creo que tan sólo se sobrevivirá en la luna.

Aún existen hombres y mujeres que creen innecesaria la lucha feminista («qué más quieren»; «están siempre con lo mismo»; «el feminismo es algo desfasado»). Deberían saber algunas cosas: lograr que las mujeres fuéramos consideradas ciudadanos de pleno derecho costó casi un siglo de lucha; que fuera delito el maltrato bajo el techo familiar, décadas... ¡Nada ha venido regalado! Que le pregunten a todas las mujeres asesinadas tan solo en nuestro país, como Ana Orantes o Diana Quer. Por no hablar de aquellos países donde nacer mujer supone una sentencia de muerte. Creo que lo realmente asombroso para muchos es el hecho de que las mujeres estemos Hartas (con mayúsculas) de tanta injusticia por el mero hecho de haber nacido mujeres. Ya no nos resignamos; por eso, incluso actrices famosas de la 'Meca' del cine han comenzado a luchar contra el acoso, a favor de la igualdad salarial... Ya no bajamos la cabeza y asumimos los papeles asignados sin abrir la boca. Y eso, nos toque cerca o lejos: toda mujer maltratada, humillada o asesinada, somos cada una del resto de las mujeres. ¡Eso es lo que no logran comprender! ¿Qué queremos? A ver si de una vez se entiende que las feministas ni odiamos a los hombres, ni luchamos contra ellos, sino a favor de ambos sexos; porque el maltrato a una mujer humilla también a los hombres que han sido paridos por una mujer. Queremos ser libres, vivir bajo el amparo de la justicia, ser iguales, que la maternidad no suponga añadir jornada laboral o alejamiento de la vida profesional; incluso ser felices siendo como somos. Si esas condiciones se dan, también los hombres serán más libres, más iguales y más felices.

Lo lamentable es constatar cómo ni siquiera los partidos 'de izquierdas' tienen muy claros en sus programas qué son los «derechos de las mujeres». Parece ser que existen temas prioritarios, asuntos como la economía, la seguridad ciudadana... Bien, pues la economía depende en gran medida de que las mujeres no sólo trabajen (sin suelo de papel ni techo de cristal), sino que puedan decidir ser madres, porque de lo contrario la pirámide poblacional nos aplastará; y si de seguridad ciudadana hablamos ¿qué asunto puede ponerse por delante del terrorismo machista que asesina a nuestras mujeres?

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos