Carta del director

Mujeres

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

El día a día de las mujeres es una interminable carrera de obstáculos. Unos son invisibles; otros, sutiles, y la mayoría inmensos como bloques de hormigón que sustentan un mundo diseñado y construido desde la perspectiva y mentalidad del hombre. A partir del lenguaje, en el que el género masculino se asocia a lo soberbio frente al tedio del femenino, se configura en la historia de la humanidad una perversa estructura social absolutamente machista, en el que ellas siempre juegan en terreno contrario y nosotros en casa. Por eso es esencial el convencimiento de que la igualdad se debe trabajar desde la diferencia, porque ni somos iguales ni pensamos igual ni sentimos igual. No se trata de que ellas se adapten al mundo de ellos, sino que todos, ellas y ellos, tengamos las mismas oportunidades, con las mismas reglas del juego, con las mismas exigencias, obligaciones y derechos. A menudo el debate se distorsiona porque en este partido de la igualdad se pretende que se compita con las reglas de ellos, el terreno de juego de ellos, los árbitros de ellos y, por si fuera poco, ellos juegan con sofisticadas botas de tacos y ellas, descalzas.

Entiendo que debe haber medidas correctoras y defiendo la llamada discriminación positiva, precisamente porque el hombre lleva siglos beneficiándose de la discriminación negativa. Sin esas decisiones, por ejemplo, habría muchas menos mujeres en la política y en cargos públicos. Hay que incentivar el acceso a la mujer al emprendimiento, a la empresa, al mercado laboral, al deporte, al arte, al ocio y a cualquier ecosistema público.

Y el deporte es una de las grandes vías para trabajar esa igualdad desde la diferencia. La mujer ha demostrado su enorme capacidad, por encima incluso de la del hombre en cuanto a sacrificio y pasión, para alcanzar grandes metas en el deporte de competición y hoy por hoy, en España, brilla internacionalmente.

El hecho de que Unicaja Baloncesto y el Málaga Club de Fútbol apuesten por equipos femeninos -que se unen al de Rincón Fertilidad de balonmano- es una justa y merecida noticia, que debe ser reconocida, apoyada y también vigilada para que no quede en una declaración de intenciones. El trabajo debe enfocarse al esfuerzo, la exigencia y la superación como deportistas -sin más, sin género ni apellidos- y no caer en el tremendo y habitual error de convertirlo en un espejo de los equipos masculinos, como si ellas se tuvieran que parecer a ellos. Ellas han demostrado, de sobra, extraordinario talento, esfuerzo y capacidad para competir y alcanzar grandes éxitos. No necesitan paternalismos ridículos. Sólo necesitan apoyo económico, medios y pista libre. El resto saben hacerlo, muy bien, ellas solas.

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