Los muertos son de todos

El alféizar

RAFAEL J. PÉREZ PALLARÉS

Los pobres hasta después de muertos siguen siendo pobres. Ella, procedente de un país europeo, recaló en España y vivía en su última etapa con la puerta abierta; no podía levantarse para abrir a quien, por un puñado de euros, le limpiaba la casa. Cáritas parroquial le ayudó en lo que pudo, también en la pintura y limpieza a fondo de su pequeño apartamento; los pobres deben vivir con dignidad. Había cruzado la frontera de los sesenta años y tenía un hijo. Murió después de una larga y dolorosa enfermedad. Excluida socialmente vio aliviado su sufrimiento cuando, en el último tramo de su vida, pasó algunas horas en el hospital. Cuando falleció, al carecer de medios económicos, su hijo solicitó el entierro de beneficencia. Al morir un viernes su cadáver permaneció en la cámara frigorífica, mientras administrativamente se solucionaba el caso. Fue cuatro días después. El martes fue el entierro. Y aunque para los que mueren ya no hay espacio ni tiempo, sí lo hay para el hijo que espera poder enterrar a su madre con dignidad. Una dignidad arrebatada y un derecho a recibir cristiana sepultura que se vio tambaleado si no fuese por la intervención de Cáritas parroquial. En el acuerdo firmado por parte del Ayuntamiento con la funeraria que se encarga de abordar los casos de beneficencia en la localidad no se contempla el servicio religioso ni la entrega de las cenizas a la familia. Si quiere las cenizas las paga. Si no, van a la fosa común. Cáritas parroquial decidió afrontar el gasto ante la evidencia administrativa del acuerdo. Algo más de 150 euros. Aunque tras el responso se pidió por parte de la funeraria 400 euros para que el huérfano pudiera retirar las cenizas de su madre muerta. Algo que abortó la gestión de Cáritas parroquial.

Es doloroso comprobar cómo en España se juega con el respeto a quien ha fallecido, cómo se pone contra las cuerdas a la familia. A veces nuestras mascotas tienen mejor entierro. Pero más duro si cabe es cuando se miraba al féretro que contiene el cadáver congelado de la madre: hecho de chapón y con cantos desconchados, exhibía unos adornos que parecían hechos con papel de aluminio. ¿Nuestros muertos no tienen dignidad? Los muertos son de todos. De una sociedad de la exclusión que escora a quien no sirve hasta después de muerto.

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