Muchachito rubio

Astiz era muy valiente, pero solo con civiles aterrorizados

PEDRO MORENO BRENES

Su currículum como matarife uniformado lo comenzó pronto. Un grupo de madres y familiares de desaparecidos se reunían en una iglesia allá en la Argentina de 1977. Un joven rubio, con pinta de bueno que decía que era hermano de un desaparecido, se gana la confianza de estas personas, y un mal día entra en la iglesia y en un acto abyecto de traición, este tipejo abraza a las víctimas y al poco tiempo, mediante este acto de identificación, sus compinches las detienen. En la ESMA (la siniestra sede de la Escuela de Mecánica de la Armada) son torturados y después arrojados vivos desde un avión al mar en uno de los llamados 'vuelos de la muerte'. Entre las doce personas 'abrazadas' estaban las tres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo y dos monjas francesas. Precisamente una de ellas, la Hermana Alice, aún en los peores momentos de tortura, se preocupaba por la suerte del 'muchachito rubio', el que la llevó a la muerte. Este malnacido se llama Alfredo Ignacio Astiz, en ese momento teniente de Fragata, y hace unos días ha recibido una de las muchas condenas por sus crímenes. Era muy valiente el 'Ángel de la muerte', pero solo con civiles aterrorizados mientras los machacaban a golpes; en eso se parece a nuestro producto nacional en la materia, el policía de la franquista Brigada Social apodado 'Billy el Niño', especialista en romper cabezas a detenidos y que ahora huye como una rata cuando algún periodista le pregunta por su pasado. Astiz fue menos valiente ante el ejército inglés en la Guerra de las Malvinas, y se rindió sin pegar un tiro ante soldados que si les pueden responder. Margaret Thatcher se negó a entregar al prisionero cuando Francia y Suecia pidieron la extradición por sus muchas tropelías, sí, la misma que visitó apenada a Pinochet cuando fue detenido en Londres.

Estos andrajos humanos fueron posibles en la última dictadura argentina (1976 a 1983), encabezada por un canalla como Videla, aquel que se permitía chulear a las víctimas con frases como esta: «¿Qué es un desaparecido?.. es una incógnita,.. no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo, está desaparecido». No se quedó corto otro bandido, el general Saint Jean (gobernador de Buenos Aires): «Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después... a sus simpatizantes, enseguida... a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos».

En Argentina también hay el algunos que apelan a 'no remover' el pasado, a olvidar. ¿Les suena?

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