La rotonda

La moza portavoza

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

IRENE Montero se ha lanzado en plancha contra la Real Academia Española y ha decidido pasar a la historia como la política que reivindicó, para vergüenza de los que amamos este idioma, el vocablo 'portavoza', quizás con envidia de Bibiana Aído, la 'madre' del término 'miembra', el mismo que tantos ríos de tinta hiciera correr. La 'portavoza' de Podemos le ha pegado una patada al diccionario, otra más, ante la sorpresa de muchos y la 'maricomplejinería' del PSOE que no lo ve mal, lógico, porque los discursos de sus dirigentes se alargan siempre más porque a todo masculino, sea neutro o no, le buscan el femenino: todos o todas no podemos estar equivocados/as seamos portavoces o portavozas, porque la verdad es que el ritmo de tonterías de nuestros dirigentes está rebosando el vaso/la vasa de los que entendemos que la Lengua es un tesoro que hay que cuidar como oro en paño. Flaco favor se le hace a la Lengua Española, la segunda en importancia en el mundo, cuando se la descalabra de semejante manera.

Las redes sociales, ejemplo máximo de 'coces' a la RAE, aunque aquí con el enorme desencanto de las brutales faltas de ortografía que achicharran los ojos más incultos, se han llenado de memes, chascarrillos y mofas al respecto del invento. Nadie se ha dado cuenta, curiosamente, de que Irene Montero, imagino que sin querer, le ha hecho un favor monumental al Gobierno, que últimamente llevaba una mala racha de declaraciones, y que, de buenas a primeras, ha visto como la palabreja 'portavoza' ha aparecido como agua de mayo para llenar páginas de periódicos y minutos de radio, así como sujeto de atracción máxima para los contertulios de las radios y televisiones, esos que saben de todo y por tanto opinan de todo, sea Derecho, Economía, Astrofísica, Física o Medicina con una rigurosidad digna de lo de las faltas de ortografía a las que antes me refería. Es en estos momentos cuando uno recuerda a sus profesores de la más tierna infancia (en mi caso va por don Manuel Cabacino y doña Rafi), para transmitirles gratitud máxima por haber intentado que amáramos y respetáramos un idioma que hoy, ahora, es zarandeado por nuestra clase política. «Ahí hay un hombre que dice ¡ay!». Esa norma debería ser campo de estudio obligado para quien quiera ser usuario de twitter o de Facebook, donde te cambian el ahí por el hay o por el ay y se quedan tan panchos. Lo mismo que 'echar' o 'hechar', que para demasiados es lo mismo. Y entonces, cuando lees y oyes cosas como estas no piensen que son analfaburros, no (¿o sí...?), que muchos ocupan concejalías y escaños . Lejos y añorados están los tiempos de Castelar, Cánovas o Sagasta o de los más recientes Tierno Galván o Antonio Garrido. Ahora es el turno de la 'portavoza' Irene Montero, la misma que seguro se pillaría un enorme cabreo/cabrea si alguien la hubiera llamado 'moza'...

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