Morir en Guta

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Seguiré escribiendo del cruel conflicto armado que sacude Siria, cuna de nuestra cultura, antiguo reino del Cham, antes monarquía herética de Zenobia y Odenato en Palmira, después, califato de Damasco, de donde huyó la facción de omeyas que conservaron la cabeza y gobernaron como califas herejes en la lejana Córdoba. No existe Dios, ni Alá, ni Buda, ni como quieran denominar al Todopoderoso, si permite estas matanzas que ya no son ejemplos de nada, querido Dios, porque conocemos al dedillo que el ser humano es la alimaña más peligrosa que creaste y que lidera en maldad la galaxia, aún esperando nuevas formas de existencia, el hombre es un vampiro para el hombre. Mi amiga C. R., médico de Unicef, me cuenta la forma en que le cuesta dominar su impotencia. Ahora, me confiesa, en el demencial escenario sirio, no se sabe quién se enfrenta a quién pues la muerte se lo ha llevado todo, hasta las siglas. «Estos días -me dice- en ese bastión de nadie, Guta, al noreste de Homs, nos han bombardeado tres veces en seis horas sin que tuviésemos pajolera idea de por qué lo hacían, y con tanta saña, sobre objetivos civiles, tampoco sabíamos de dónde procedían los cazas, si del ejército de Asad, si de los restos del Isis, si de EE UU o Rusia, o si de los terroristas que alimentan los obesos jeques del Golfo Pérsico, no se sabe a quiénes pertenecen los aviones que lanzan las bombas, la cuestión es matar y ganar dinero con el cadáver del prójimo»; en realidad, a estas alturas, también da igual la forma en que nos llegan las noticias, qué agencia la vende o a qué facción o potencia favorece. Lo único importante son las víctimas, que continúan aumentando la pirámide de cadáveres con que se ha sostenido la historia de la humanidad.

El cacareado fracaso diplomático de Estados Unidos y de Rusia, de Turquía y del propio Israel ya no es tan fracaso si se compara con la nula política exterior de la vieja Europa, que no es considerada ni siquiera un comodín al que echar mano en este juego de sangre. Los pasillos humanitarios, pactados y habilitados por la ONU como zonas de seguridad, son diariamente vulnerados, es decir, los civiles de a pie, familias inocentes, no pueden huir ni hacia la frontera jordana ni hacia la turca, donde, por cierto, el régimen de Erdogan, sí, los deja vivir, pero mal atendidos, hambrientos y hacinados; se trata de tres millones de sirios, de los que varios miles han fallecido silenciosamente de inanición y de crudo invierno. Y para empeorar la situación, los bombardeos no sólo son indiscriminados sino selectivos, pero a la inversa, más claro agua: los objetivos son hospitales, barrios populosos y, lo que más indigna, se realizan en el momento en que se están llevando a cabo operaciones de ayuda humanitaria. No existe la piedad. Y si no me creen, echen un vistazo a las recientes fotos de cientos de cadáveres de niños apilados junto a las vías de la estación de Guta. Una vergüenza.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos