Montoya, el 'reosurrecto'

FRANCISCO APAOLAZA

Decir que nadie vuelve de la muerte quizas es decir demasiado. A Rodrigo Rato, por ejemplo, le hicieron la autopsia política y anda declarando en la comisión de investigación sobre Bankia con tal frescura y desparpajo que parece que acaba de salir de la ducha después de un partido de squash. Esta semana, los familiares de Gabriel Montoya aseguran que se atiborró de pastillas en su celda del penal de Villabona y horas después despertó en la mesa de un forense de Oviedo. El Chino, como le apodan, cumplía cinco años en el talego por robar chatarra. Lo encontraron los funcionarios en su celda, cianótico y sin respiración. Tres médicos certificaron su muerte. Cuenta su padre que le despertaron las cosquillas del rotulador cuando un forense de Oviedo le trazaba en el pecho un camino para el bisturí. Al volver en sí, el 'reosurrecto' pidió comida y tabaco. Querría fumarse el típico pitillo de después de la muerte.

El tío de Montoya está contento; no podría ser de otra manera. Advierte en la radio del tremendo error de haberle enterrado vivo, pues entre vida y muerte 'la diferencia es mucha'. Toda. Los mortales llevan miles de años pidiendo sin éxito luz y taquígrafos sobre lo que sucede en el más allá. La ciencia del más acá atribuye el milagro del Lázaro chatarrero a la catalepsia, un proceso que reduce aparentemente las constantes vitales de los vivos hasta el punto de que se parecen demasiado a los muertos, más incluso que los que duermen desnucados en los vagones del metro.

El miedo a que uno sea confundido con un cadáver sin serlo y despertar en una bolsa, o peor aún, en un féretro, ha sembrado entre los vivos el germen de la ansiedad. Los esqueletos desenterrados de cajas con las tapas arañadas son una imagen escalofriante que ha inquietado al hombre desde hace más de un siglo. En la segunda mitad del XVIII, el temor a enterrar un finado que en realidad estuviera solo en puntos suspensivos llevó a fabricar los ataudes con campana o con bandera, se supone que blanca.

Los médicos advierten de que la catalepsia es un trastorno neurológico absolutamente excepcional que se manifiesta muy pocas veces al año. Un muerto que vuelve a la vida es desde luego un fenómeno insólito, más aún tratándose de un supuesto suicida. Habiendo tanta gente que dice 'Adiós, muy buenas' en contra de su voluntad, esta vez la suerte se ha traído de vuelta a uno que quería irse. Tiene gracia la suerte, a veces.

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