Un monstruo grande

A Cada Uno Lo Suyo

Hace falta una cultura de la paz que erradique la guerra

PEDRO MORENO BRENES

Hoy es el 72 aniversario. 6 de agosto de 1945, EE UU lanza la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima: 100.000 personas mueren al instante, centenares de miles sufren las secuelas en los siguientes años. El 9 de ese mismo mes, la segunda agresión nuclear en Nagasaki y el 2 de septiembre Japón firma la rendición; acabó esta pesadilla provocada por los nazis y sus acólitos fascistas e imperialistas japoneses, que dejó más de 50 millones de muertos. Por desgracia Franco, el compinche de Hitler, siguió en España atormentado a su pueblo y los humanos han seguido matándose de forma organizada y con uniformes por medio. Siempre hay un agravio, un pedazo de tierra o una orden homicida que pone en funcionamiento toda la maquinaria infernal donde los soldados matan y mueren, los civiles son masacrados y los mismos que los lanzan al abismo ponen su sonrisa más cínica en la foto de la mesa del pacto que pone fin a las hostilidades, que suele coincidir con los intereses de las oligarquías de turno, las mismas que se enriquecen como buitres con la sangre de las víctimas. Y sin embargo eso no debería pasar.

La Carta de Naciones Unidas (art. 2.4) prohíbe «la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado» salvo en ejercicio del «derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones» (art. 51) o cuando esté en juego la paz y la seguridad internacional y siempre previa autorización del Consejo de Seguridad (art. 42). A esto se puede añadir la intervención militar para defender los derecho humanos en un Estado en el que sus autoridades los viole, articulada en la llamada doctrina de la «responsabilidad de proteger», recogida en el punto 139 del documento final de la Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno reunidos en Naciones Unidas en septiembre de 2005 (y asumido por la Asamblea General en octubre), según la cual «estamos dispuestos a adoptar medidas colectivas, de manera oportuna y decisiva, por medio del Consejo de Seguridad, de conformidad con la Carta, incluido su Capítulo VII, en cada caso concreto y en colaboración con las organizaciones regionales pertinentes cuando proceda, si los medios pacíficos resultan inadecuados y es evidente que las autoridades nacionales no protegen a su población del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad». Solo en esos casos cabe hablar de guerras justas, todo lo contrario de la ilegal e inmoral guerra de Irak, basada en una burda mentira y en indecentes intereses económicos. Hace falta una cultura de la paz que erradique la guerra, «es un monstruo grande y pisa fuerte». En homenaje a los millones de jóvenes que en los campos de batalla o en la resistencia, lucharon por la democracia en el mundo.

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