La rotonda

Momento Málaga

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

CUENTAN los que están acostumbrados a las grandes inversiones, que Málaga es ahora mismo una de las ciudades por la que todo el mundo quiere apostar. A esta verdad parece que incuestionable de que hay gente que si ha puesto los ojos en nuestra capital y provincia es porque le ven color, como bien mandan los cánones, porque nadie -enseñanza que aprendí de muy pequeñito aunque personalmente de poco me ha valido en mi vida- da duros a cambio de cuatro pesetas (para los más jóvenes, un duro era una moneda equivalente a cinco pesetas). La Málaga de hoy cuenta con unos atractivos y unas potencialidades enormes, entre ellas la calidad de vida, algo que cada vez se valora más. Las buenas comunicaciones, el clima, la gastronomía, la accesibilidad, la cultura como reclamo turístico, la egregia sombra protectora de Picasso y un sinfín de cosas más suman en ese estar de moda que, curiosamente, revienta y pone de mala leche a ciertos grupos locales identificados a través de las redes sociales que poco más o menos afirman no sólo lo contrario, sino que además, si pueden, divulgan las carencias y los defectos, aunque para ello se apoyen en la puñetera posverdad. Mal padre el que llama a su hijo feo, pero peor hijo si insultas a tu madre... Con viajar un poco, con quitarse el traje de pana y la boína de lo que en el fondo es (aunque intenten disimularlo con sus frases y 'modernidades') un localismo rancio y cateto, todos nos podemos dar cuenta de que Málaga se encuentra en un momento espectacular, como pocas veces antes en su historia. Ahora es justo el momento de cuidar los detalles, de no sufrir una invasión de turistas-parásitos, de cuidar las barriadas como extensión del centro, de potenciar nuevas plazas hoteleras, y si es posible de lujo, de no meterle el dedo en el ojo a los vecinos con el descontrol de los apartamentos turísticos, de dotar cada vez de mayores comodidades al transporte público, de mantener la estética de zonas históricas de Málaga, de desarrollar un puerto cada vez más unido a la ciudad en sí, y, sobre todo, imponiendo un criterio racional en el desarrollo por la evidente necesidad de nuevos edificios de oficinas, lo que piden de forma contundente aquellos que quieren trasladar sedes de empresas a Málaga, sobre todo firmas que tienen en Gran Bretaña sus activos más importantes y que ahora miran hacia nuestro entorno como punto resguardado por el paraguas de la Europa comunitaria de la que van a salir por culpa de los populismos, que suelen costar muy caros. Estamos, pues, en el momento definitivo de Málaga, que ya no estáa en rampa de salida, sino en clave de consolidación internacional. La Málaga de hoy tiene que aspirar a crecer sin tapujos ni complejos, pero también con orden y concierto, y sobre todo ofertar lo que se nos demanda. Es el momento de subirse en un tren que, hay que reconocerlo y el que no lo haga es un demagogo, nadie podía imaginar que iba a pasar tan siquiera hace tan sólo 25 años.

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