LA MIRADA MICROSCÓPICA

Hoy se repetirán los argumentos y las consignas del independentismo

JOSÉ MARÍA DE AREILZA. CÁTEDRA JEAN MONNET-ESADE

El inglés Chesterton escribía en un poema de amor célebre «estás tan cerca de mí que no te veo». Algo parecido nos puede ocurrir con la situación política de Cataluña. Conviene dar un paso atrás para recuperar la perspectiva. Las elecciones en una situación tan atípica nos ha llevado a muchos a seguirlas con todo detalle, llenarnos de datos y medir al milímetro cada tendencia desde que se convocaron el 27 de octubre.

La atención ha estado centrada en asuntos como el destino del último escaño al Parlament en algunas provincias o la inclinación final del millón de votos de los indecisos. Pero si damos un paso atrás, en terminología de Augusto Monterroso, el dinosaurio sigue ahí. Casi la mitad de los votantes se declaran favorables a la independencia. El daño hecho por los impulsores del llamado 'procés' es muy grave y afecta a todos los órdenes: económico, institucional, político, reputacional. No se puede justificar alegando la mala gestión de los asuntos catalanes desde distintos gobiernos españoles.

Solo cabe esperar que con el tiempo seamos capaces de reparar los destrozos y cerrar heridas. Mientras tanto, hoy se repetirán los argumentos y las consignas gastadas del independentismo, por mucho que sus consecuencias prácticas hayan empeorado la situación del conjunto de los ciudadanos catalanes en los dos últimos años. Hoy la coalición del derecho a decidir resurge y trata de sonar razonable, como si la comunidad autónoma no hubiera votado cuarenta y ocho veces desde la llegada de la democracia en 1977.

Pero la verdadera novedad es la movilización de los partidarios de la Constitución y el Estado de derecho. Estos últimos ya no se esconden el día de los comicios autonómicos. Es muy posible que Cataluña haya entrado en un bloqueo institucional del que sea difícil salir a corto plazo. La mirada microscópica no da mucho más de sí. Si levantamos la vista, España es una democracia constitucional bien anclada en una Europa con muchos retos por delante.

Vivimos en una isla de prosperidad, libertad, seguridad jurídica y solidaridad en un entorno global en el que las democracias liberales ya no son el paradigma, ni tampoco los valores occidentales. Nada está garantizado y ya solo conservar los logros de los últimos cuarenta años de historia compartida entre los españoles es un gran objetivo.

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