MILONGAS Y BULERÍAS

FRANCISCO MOYANO

EL pasado mes de mayo, sin demasiados recuerdos, se cumplieron veinticinco años del fallecimiento de quien probablemente fuese el folklorista argentino más importante: Héctor Roberto Chavero, conocido como Atahualpa Yupanqui. Fue un especialista en componer e interpretar milongas, una modalidad musical preponderante en Argentina y Uruguay; como el tango. Rara vez se pone de manifiesto que Atahualpa Yupanqui pasaba temporadas en Marbella, alojándose en uno de los apartamentos de los edificios Valdecantos, en pleno Paseo Marítimo. Pudiera ser que las milongas de Yupanqui constituyesen banda sonora adecuada para algunos acontecimientos de la actualidad de la ciudad y del devenir de las últimas décadas; con demasiada frecuencia la ciudadanía tiene la sensación de que nos están «contando milongas», que no es lo mismo que cantarlas, y que popularmente ha venido significando que nos mienten o, al menos, no se ajustan a toda la verdad. Uno de esos asuntos es el de la llegada del tren a Marbella y a Estepona: por enésima vez en los últimos días nos vuelven a contar la historia del tren; mientras que la Junta, en cuestión de veinticuatro horas, dice negro y después blanco, el ministro de fomento, Íñigo de la Serna nos visita en fin de semana, cual hada madrina, prometiendo tren (pero nada de alta velocidad), tercer carril en la autovía entre Puerto Banús y San Pedro, incorporaciones en Las Chapas e incluso ampliación del Museo del Grabado. Todas estas promesas y anuncios despertarían grandes ilusiones si no fuera porque con las promesas efectuadas en las últimas décadas por responsables autonómicos y del gobierno central, habría para elaborar un tratado. No tenemos por qué poner en duda lo dicho por el ministro, pero no podemos evitar al menos la incertidumbre cuando los hechos nos vienen a demostrar el sistemático incumplimiento contumaz de cada una de las promesas anteriores: nos han convertido en miembros de la cofradía de Santo Tomás, necesitados de meter el dedo en la herida del costado para creer. Además, no hay presupuestos generales del Estado aprobados y la puesta en escena de las declaraciones poseía cierto aroma de campaña electoral. Seremos fervorosos creyentes en cuanto se nos ofrezcan hechos y no promesas. Y, tras las milongas, las bulerías que, como se saben, son cantes flamencos de gran bullicio y jaleo. Para jaleo, el desatado en San Pedro Alcántara, un “ayuntamiento” independiente de facto, que no de iure, con las obras efectuadas en el palmeral de Marqués del Duero, donde nadie se instala en la indiferencia y con las redes sociales en continuo estado de combustión. Se difundió la noticia de que el monumento de Vicente de Espona 'El Regreso del Olivar', había sufrido desperfectos. Tanto las autoridades culturales de San Pedro como la viuda del artista, Ana María Muñoz Miró, han desmentido que haya sido así, sino que el monumento será trasladado a la rotonda del bulevar para lo que debe ser removido de su emplazamiento, con toda garantía de preservación de su integridad. Menos mal, porque la obra de Vicente de Espona en San Pedro y en Marbella ha experimentado a lo largo del tiempo un auténtico calvario. En el caso de la 'Síntesis de San Pedro', el artista tuvo tiempo de realizar personalmente la segunda imagen, tras la destrucción de la primera. En cuanto al 'Sol de Marbella', también destruido, aún se está a la espera de su recuperación, a pesar de sentencia judicial en ese sentido. Pero las 'bulerías' siguen sonando en San Pedro, aunque quizás sería más adecuado asociarle 'las palmeras', una exitosa canción de Alberto Cortez de los años sesenta. Las esculturas de Espona, que regresan del olivar, ahora se marchan del palmeral, esperemos que para una mejor contemplación. Entre los diversos significados que este grupo escultórico posee, destaca el de la reivindicación de la mujer andaluza que el propio escultor destacaba: 'he querido resaltar la importancia de la mujer andaluza en las tareas del campo que, hasta en la maternidad, prestaba su esfuerzo al trabajo común, acompañando a su pareja y demás miembros, con la valentía y abnegación, prototipo de una raza privilegiada en valores morales'. Mientras tanto, como cantaba Luis Aguilé, 'la vida pasa felizmente si hay amor' y sabemos que San Pablo dijo a los corintios que el amor es paciente, no se irrita y todo lo soporta. Pero no es fácil, la verdad.

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