Mensaje sobre Jerusalén

ENRIQUE VÁZQUEZ

Definitivamente, Donald Trump es un adicto incorregible a los anuncios inesperados y los golpes de efecto. Y tras dar la sorpresa de hacernos saber en diciembre pasado que trasladaría la embajada norteamericana de Tel-Aviv a Jerusalén (donde no hay ni una sola representación en tanto no se resuelva el conflicto israelo-palestino) se anuncia ahora que la nueva sede estará en la ciudad santa el próximo 14 de mayo... día de la fiesta nacional israelí que conmemora el 70 aniversario de la proclamación del Estado sionista en 1947.

Formalmente, el anuncio lo hizo el Departamento de Estado y el presidente se limitó a mencionarlo en uno de sus famosos tuits a modo de congratulación y para dejar mal a su vicepresidente, el disciplinado Mike Pence, quien pasó por Israel hace un par de semanas y dijo allí que el traslado de la embajada sería adelantado y podría tener lugar hacia el otoño próximo. En todo caso, sin condicionarlo al marco político respetado hasta hoy por todos los presidentes: el de un arreglo previo de la cuestión palestina.

Lo sucedido presenta sobreentendidos notables, el primero de los cuales es por qué no se citó este calendario junto al anuncio de diciembre que separaba a Washington del consenso internacional al respecto. La lógica demanda alguna aclaración y la reevaluación por Washington de los desarrollos políticos y militares en marcha en Oriente Medio. En concreto ha debido jugar un papel la luna de miel de Washington con Arabia Saudí, que el saudí medio ve con más hostilidad que adhesión, pero a quien se veda expresarla.

Una sencilla lectura detenida del anuncio y sus precisiones a cargo del Departamento de Estado da pistas claras, la principal de las cuales es que la embajada será en primera instancia una ampliación del consulado norteamericano en Jerusalén, ubicado en el distrito de Arnona, es decir un área del Jerusalén-Este de antigua soberanía israelí fuera del contencioso territorial. Esto es un ingenioso medio de ganar tiempo y enviar un mensaje en primer lugar a los israelíes: si la embajada es ubicada en un área no conflictiva, Washington está uniéndose de hecho al consenso internacional: todo el mundo tiene un consulado en Jerusalén mudable a embajada y todo el mundo consideró ilegal la anexión del Este de la ciudad por Israel en 1967 y su conversión en capital del Estado.

En este marco jurídico y geográfico, el traslado de la embajada a un área no disputada de la ciudad podría ser incluso un mensaje a la parte israelí: en un escenario de paz negociada desde el criterio universalmente reconocido de «un territorio, dos Estados», Washington hace saber que su embajada en Jerusalén estará en suelo israelí no discutido, como lo estarán todas las demás. La mudanza, pues, no traduce la aprobación por Washington de la reunificación de la ciudad por los sionistas.

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