El mejor negocio es la solidaridad

A CADA UNO LO SUYO

El mundo tiene recursos para ofrecer una vida digna a sus habitantes

PEDRO MORENO BRENES

Repasemos un mapamundi: ciudades, fronteras, ríos, montañas y casi 7.500 millones de criaturas que pululamos por esas tierras, la mitad viviendo en la miseria. Tomando datos del Banco Mundial de hace unos cinco años, redondeando, el ingreso per cápita medio del mundo anda en unos 10.000 dólares, y si consideramos pobre a quien vive por debajo de la mitad de esa cifra, es decir, 5.000 dólares, ahí anda la mitad de la población mundial (desde Bolivia, con 4.996 dólares, hasta la República Popular del Congo, 364 dólares), siendo estas cifras aún engañosas porque en estos países las diferencias de ingresos son brutales, los más pobres en los países más pobres se mueren literalmente por el hambre y las enfermedades propias de la miseria. Las cifras dan sudores fríos; dejando por medio un espacio intermedio de países, los más ricos, el 14,26% de la población, disfrutan el 63,30% de la renta mientras que los más pobres, cerca de la mitad de la población, no alcanzan el 7%. Esto es inmoral.

Pero los 'ricos también lloran', o más bien, los más pobres de los países más ricos. Según un informe oficial de la Comisión Europea de 2010 (en plena crisis), 115 millones de personas (el 23% de la población de la UE) eran considerados pobres o en situación de seria necesidad social. La injusticia social no tiene fronteras.

¿Somos los países más ricos más trabajadores e inteligentes? Los que se juegan la vida en las pateras, ¿tienen lo que se merecen por holgazanes? Las respuestas son obvias, y todas están teñidas del sucio color de la injusticia más inhumana y el egoísmo más nauseabundo. Los países más pobres sufren a terratenientes y a la oligarquía económica, casi siempre lacayos de los grandes grupos multinacionales, a los que les importa un pito sus ciudadanos. La concentración de riqueza siempre tiene una dictadura (se disfracen como quieran) que la garantiza a sangre y fuego y que en muchos casos ha sido impuesta y apoyada por los países más poderosos. Y para colmo, en el momento en que la gente se rebela e intenta trazar su destino de forma libre y justa, les cae campañas de desprestigio y a veces directamente golpes de Estado.

El mundo tiene recursos para dar de comer y ofrecer una vida digna a sus habitantes. Si sumamos las cuantías de los paraísos fiscales, la carrera armamentística (pensada más en los intereses de algunos que en la seguridad colectiva) y otros gastos de similar ineficacia social, sacar de ahí lo necesario para un mundo con más justicia y sin hambre es posible. Hace falta generosidad, justicia, compasión, materializado en un fondo mundial, bien planificado para evitar que esos recursos caigan en manos de los desalmados de siempre. Esto es muy difícil pero no imposible, y como decía Alphonse de Lamartine, las utopías son las verdades prematuras. El mejor negocio para todos es la solidaridad.

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