Matar al padre

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

No existe fiscal más implacable que el pasado, por eso los viejos partidos suelen salir tan mal parados cuando se sitúan frente al espejo cóncavo de la hemeroteca. Es la única batalla perdida de antemano contra las nuevas formaciones, aunque cada vez sean menos nuevas y sus hábitos revelen una decrepitud prematura, como en aquel poema de Pizarnik: «Recuerdo mi niñez / cuando yo era una anciana». En Torremolinos, donde todo parece posible, el PP ha denunciado el uso partidista de los medios de comunicación municipales e incluso ha solicitado al PSOE, que gobierna en minoría, que certifique quién es el autor de las notas de prensa que remite el Ayuntamiento, advirtiendo de que llevará el asunto a los juzgados por el supuesto incumplimiento de la ley que rige la actividad publicitaria de las administraciones públicas. Sonaría a chiste casi macabro si no fuera porque sabemos que al partido de Rajoy no le hace gracia el humor negro.

Margarita del Cid corre el riesgo de sepultar su loable empeño regenerador bajo una montaña de cinismo si mantiene esa memoria selectiva, tan proclive a elegir del pasado sólo la parte dulce, en lugar de encabezar una oposición exigente pero constructiva, capaz de someterse a la autocrítica, como venía haciendo hasta que un grupúsculo de nostálgicos ha empujado a sus concejales al precipicio del 'no' perenne. En la oposición no basta con fiscalizar la gestión del gobierno de turno; la ciudadanía exige y merece trabajo en positivo, propuestas concretas y soluciones ante los problemas municipales.

Los cambios de legislatura no tienen efecto amnésico. No hace tanto que el PP de Torremolinos utilizaba recursos públicos para promocionar su pegada de carteles por el inicio de campaña, calificar el Orgullo LGTBI de «fracaso total» o arremeter contra el resto de partidos. Puestos a trasladar a los juzgados el uso partidista de la institución, los populares podrían empezar por ellos mismos. Aunque algunos avances en materia democrática resultan evidentes, Torremolinos no ha cristalizado la mayor parte de los cambios prometidos y el Gobierno municipal arrastra decenas de asuntos reprochables en áreas tan prioritarias como Servicios Sociales, Medio Ambiente o Cultura, pero Del Cid parece haber dado un paso atrás para enfrascarse en un pasado del que sólo puede salir perdiendo. La estrategia probablemente responda a un comprensible aunque peligroso volantazo in extremis para evitar nuevos enfrentamientos internos, pero a veces, ya lo avisó Freud, hay que 'matar' al padre para seguir adelante.

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